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Cómo se clasifican las drogas - Cenit Psicologia

Drogas: ¿cómo se clasifican?

 ¿Qué son las drogas?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) propone una definición de las drogas como: “toda sustancia que introducida en el organismo por cualquier vía de administración, produce de algún modo una alteración del natural funcionamiento del sistema nervioso central del individuo y además es susceptible de crear dependencia, ya sea psicológica, física o ambas”. Añade, también, que se tratan de sustancias que si se consumen pueden modificar la conciencia, el estado de ánimo o los procesos de pensamiento del sujeto.

Orígenes de su uso y consumo

No es una novedad resaltar que el ser humano, desde su existencia, ha estado muy a menudo ligado al consumo de sustancias que han podido afectar su sistema nervioso. Durante la Prehistoria fueron utilizadas con fines médicos o en rituales y, mucho tiempo después en la Antigua Grecia, tenían lugar orgías sagradas en las que se tomaban sustancias que provocaban visiones. Es importante también hablar del alcohol, que fue utilizado en la antigüedad por egipcios, griegos, romanos y hebreos, en muchas ocasiones ligado a la religión. En estos ejemplos, se observa cómo el hombre ha estado, casi siempre, vinculado al uso de este tipo de sustancias.

Clasificación

En cuanto a su clasificación, actualmente, existen multitud de ellas al respecto atendiendo a diversos factores: la legalidad o ilegalidad de la sustancia, su efecto en el sistema nervioso, según la vía de consumo, según su peligrosidad, según el tipo de dependencia que originan, etc.

Teniendo en cuenta el efecto que tienen sobre el sistema nervioso, por tratarse ésta de una de las categorías más utilizadas, se pueden agrupar de la siguiente manera:

  • Depresoras del sistema nervioso: son aquellas que disminuyen o retardan el funcionamiento del sistema nervioso central. Dentro de los efectos que producen encontramos: alteración de la concentración, provocan relajación, sensación de bienestar, sedación, apatía y disminución de la tensión. Algunos ejemplos serían los siguientes:
    – Alcohol.
    – Hipnóticos: pastillas para conciliar el sueño y barbitúricos.
    – Ansiolíticos: benzodiacepinas.
    – Opiáceos: heroína, morfina y metadona.
    – Tranquilizantes.
    – Inhalantes.
  • Estimulantes del sistema nervioso: se tratan de sustancia que producen una activación del sistema nervioso central provocando sensación de euforia y desinhibición. También encontramos síntomas de irritabilidad, cierta agresividad, disminución del sueño, dificultades en el control emocional, etc. En este grupo nos encontramos con:
    – Anfetaminas
    – Nicotina
    – Cocaína y otros derivados
    – Xantinas: cafeína teobromina
  • Sustancias psicodélicas o perturbadoras: producen distorsiones en las sensaciones y tienen una gran afectación sobre el estado de ánimo y los procesos de pensamiento. Aquí estarían recogidas:
    – Alucinógenos: LSD, mescalina, etc.
    – Cannabinoides: hachís, marihuana.
    – Éxtasis, ketamina.

Situación de nuestro país:

El informe de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, titulado Alcohol, tabaco y drogas ilegales en España (2015), considera que España es el quinto país de toda la Comunidad Europea con mayor consumo mensual de sustancias tras Francia, Dinamarca, Reino Unido e Italia; siendo el alcohol la droga más consumida en nuestro país, seguida del tabaco y los tranquilizantes.

 

Sandra Salas. Psicóloga General Sanitaria y Especialista en Mediación Civil y Mercantil.

Visita nuestro post anterior: ”Menopausia y sexualidad: ¿cómo afecta a esta esfera de nuestra vida?”

Menopausia y sexualidad - Cenit Psicología

Menopausia y sexualidad: ¿cómo afecta a esta esfera de nuestra vida?

La menopausia constituye una etapa con multitud de cambios en la vida de las mujeres. Biológicamente, se caracteriza por la disminución de una serie de hormonas que provoca la desaparición de la ovulación, menstruación y de la capacidad de reproducción.

Sin embargo, los cambios van más allá de esto y se producen alteraciones en el físico, psicológicas y emocionales. La bajada en los niveles de estrógenos puede provocar que el deseo sexual se reduzca en gran medida en la mujer, al mismo tiempo que puede disminuir la lubricación vaginal.

Aumenta, por este motivo, la dificultad para la excitación y se puede producir cierta pérdida de sensibilidad, además de reducirse el interés sexual.

¿Cuáles son los síntomas emocionales?

Podemos mencionar en este apartado algunos de ellos:

– Cambios de humor e inestabilidad emocional.
– Síntomas depresivos como tristeza, apatía, cansancio…
– Dificultades de concentración.
– Síntomas de ansiedad.
– Irritabilidad.
– Baja autoestima.
– La disminución del deseo sexual, tal y como hemos explicado previamente.

Se puede apreciar que esta sintomatología es similar a la que padecemos en un proceso de duelo y es que, la pérdida definitiva de la capacidad reproductiva no deja de ser una pérdida que puede producir en algunas mujeress sentimientos de: impotencia, vacío, frustración y desesperanza.

Otros síntomas:

Además de los síntomas de corte más psicológico también es común que en la menopausia aparezcan:

– Dificultades en el control de la vejiga o incontinencia.
– Adelgazamiento de los huesos (osteoporosis)
– Sofocos e insomnio: suelen producirse habitualmente por las noches debido a la reducción de estrógenos, lo que afecta en gran medida al sueño.
–  Aumento de peso: en este período, se pierde masa muscular y se produce un aumento en los adipocitos. Para contrarrestar esto, es importante cuidar la dieta y los hábitos saludables como el ejercicio físico.

¿Por qué afecta a mi vida sexual?

Como hemos mencionado antes, se produce con la menopausia una bajada en los niveles de estrógenos que pueden ocasionar que el flujo sanguíneo a la vagina también se reduzca considerablemente. Todo esto puede afectar a la sensibilidad de la zona genital femenina al volverse los tejidos de la misma más finos. Otro de los resultados de la disminución del flujo sanguíneo es la afectación de la lubricación vaginal y los niveles de excitación, que también se reducen.

Las molestias durante el sexo aumentan y se dificulta el alcance del orgasmo debido a estos motivos. Al mismo tiempo, el cambio hormonal y la inestabilidad emocional pueden colaborar en la disminución de la libido.

Las circunstancias personales y el ámbito laboral pueden influir en esta situación ya que el estrés también es uno de los elementos que afectan al deseo sexual.

Si existen enfermedades físicas, consumo de tabaco o escasa actividad física en la mujer aumentan las probabilidades de experimentar la reducción de la libido.

¿Qué puedo hacer para mejorar esto?

  • Se puede recurrir a la terapia hormonal para contrarrestar los efectos. Un tratamiento médico a base de estrógenos que eleve los niveles de los mismos podría ayudar a que el deseo sexual no se viera tan afectado.
  • El uso de lubricantes también podría ser útil para facilitar las relaciones sexuales.
  • Incluir actividad física en nuestra vida cotidiana.
  • Consultar a nuestro médico para que nos informe de posibles tratamientos para
    el aumento de la libido.

 

Sandra Salas. Psicóloga General Sanitaria y Especialista en Mediación Civil y Mercantil.

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Violencia de género - Cenit Psicologia

Violencia de género

¿Qué es?

La violencia de género es un tema actual en la sociedad en la que vivimos. La Ley la define como “toda violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quiénes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia” (LO 1/2004).

¿Cómo identificarla?

Dentro de las manifestaciones de la violencia de género podemos destacar las siguientes:

 – Violencia física: se trata de un tipo de violencia muy visible, que se puede percibir de forma objetiva ya que deja marcas. Por este motivo, es la más fácilmente identificable y la que, debido a la reacción evidente del entorno,
puede ayudar a la víctima a tomar conciencia. Como ejemplos podemos hablar de: patadas, puñetazos, hematomas… bien empleando las manos, objetos o armas.

– Violencia psicológica: este tipo de violencia es más sutil y no se identifica con tanta claridad ya que muchas veces se produce en la intimidad. Palabras de desprecio, humillaciones y manipulación son sus elementos más característicos. Se emplean estrategias como la indiferencia, el silencio y cualquier elemento de control sobre la víctima.

– Violencia económica: ésta afecta, mayoritariamente, a los casos en los que la mujer depende económicamente de su pareja y se ejerce un control exhaustivo del uso que la mujer hace de del dinero. Actuaciones características de este tipo de violencias son: prohibirle el acceso a la economía, obligarla a entregarle todos sus ingresos, controlar los gastos que ésta hace de la tarjeta de crédito, pedirle que le enseñe los tickets de todas las compras que hace, etc.

– Violencia social: en estos casos el agresor limita cualquier contacto social que pueda tener su pareja ya sea con amigos, familiares, compañeros de trabajo impidiéndole ampliar su red de apoyo y provocando un distanciamiento y
posible ruptura de las relaciones sociales que la mujer tenía previamente.

– Violencia sexual: La Organización Mundial de la Salud (OMS) define este constructo como “cualquier acto dirigido contra la sexualidad de una persona y comprende situaciones como tocamientos, roces, agresiones, acoso sexual callejero, exhibicionismo o violaciones”. Se trata de un elemento extendido e invisible, ya que no se identifica con facilidad.

¿Por qué se mantiene el vínculo agresor-víctima?

El proceso de victimización no se produce de un día para otro, sino que empieza de forma muy sutil y escalonada provocando que la víctima no siempre sea consciente de la gravedad de la situación en la que se encuentra. Existen fases en este proceso que tienen una duración variable y se manifiestan de diferentes formas. Estas 4 fases se
denominan en su conjunto “ciclo de la violencia”, las cuales se van sucediendo unas a otras repitiéndose este proceso infinitas veces y dificultando la posibilidad de frenarlo.
Es la psicóloga americana Leonore Walke en el año 1979 quien plantea la división del clico en estas fases:

– Fase I: Fase de Calma. Esta fase destaca por ser un período de tranquilidad en la relación, no se detectan
grandes conflictos y existe la vivencia idílica de la pareja.

– Fase II: De acumulación de tensión. Se caracteriza por episodios que llevan a roces entre los miembros de la pareja, lo que hace que los sentimientos de hostilidad entre ellos aumenten poco a poco. Aquí da comienzo el maltrato psicológico orientado a ejercer conductas de control sobre la víctima con el objetivo de desestabilizarla. Es en este momento cuando existe la tendencia en la mujer de minimizar o negar la situación, de justificar la conducta violenta de su pareja y centrarse en las cualidades positiva que éste tiene.

– Fase III: De explosión. Se trata de la fase más corta e intensa de todas. Las consecuencias sobre la víctima en este momento son muy fuertes, tanto a nivel físico como psicológico. Entran en juego aquí las expectativas de cambio que la víctima tiene hacia su pareja y aparece también la culpa hacia sí misma.

– Fase IV: Luna de Miel. Esta fase tiene un poder importante en el ciclo de la violencia ya que es la responsable de que la víctima se mantenga en la situación. El agresor intenta compensar el daño ocasionado en la fase anterior e intenta demostrar a la víctima que va cambiar y que lo que pasó no volverá a repetirse. La mujer se aferra a esa expectativa de cambio y al arrepentimiento que él muestra, de ahí que no se produzca la ruptura.

Encontramos muestras de cariño constantes, atenciones, regalos e incluso el contacto con familiares y amigos de la víctima para intentar influir en el perdón de la misma. También es habitual que el agresor exponga que necesita ayuda de un profesional y le transmita a su pareja que no puede dejarle solo por ese motivo (esta es otra de las razones por las que, en muchos casos, deciden retomar la relación o incluso retiran alguna denuncia interpuesta).

La indefensión aprendida:

La teoría de la indefensión aprendida fue formulada por Seligman en 1975 y la define como el estado psicológico que se produce frecuentemente cuando los acontecimientos son incontrolables, cuando no podemos hacer nada para cambiarlos. Leonore Walker, mencionada previamente, teniendo en cuenta lo estudiado por Seligman y enfocándolo en la violencia de género planteó que el maltrato prolongado en el tiempo disminuye la motivación de la mujer a responder e intentar cambiar la situación. Se produce un debilitamiento en las habilidades de afrontamiento y se observa en la víctima un rol pasivo, llegando a considerar que no hay una salida, que nada va a cambiar. Unido a esto concurren sentimientos de incompetencia, frustración y estado depresivo que contribuyen al mantenimiento del problema.

 

Sandra Salas. Psicóloga General Sanitaria y Especialista en Mediación Civil y
Mercantil.

Dependencia emocional pareja - Cenit Psicologia Rivas Vaciamadrid

¿Por qué no puedo dejarle?

“El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad”Arthur Shopenhauer

¿Qué es la dependencia emocional?

El  sentirnos  queridos, deseados y  preocupados por otro ser provoca en  nuestro cerebro la misma sensación de placer que las drogas sintéticas. La gratificación  que obtiene el drogadicto del consumo de sustancias se reproduce biológicamente igual que el placer de sentirnos conectados con las personas amadas.

En ocasiones, este deseo de conexión se  convierte en una sensación destructiva llegando a transformar una  acción racional y positiva en una fuente de sentimientos negativos y patología.

Jorge Castelló (2010)  define este constructo como “un patrón  persistente de necesidades emocionales insatisfechas que se intentan cubrir desadaptativamente con otras personas”. Este autor, especializado en dependencia emocional y trastornos de personalidad, considera que se trata de un problema que produce que la persona “priorice el mundo de la pareja sobre cualquier otro, hasta el punto de anularse en exceso por las relaciones de pareja o vivirlas con una intensidad emocional normalmente negativa y desbordante”.

¿Cómo se manifiesta?

La dependencia emocional puede manifestarse de diversas maneras:

  • Suele haber una idealización de la figura de la pareja, generando unas expectativas no realistas de ella.
  • La persona dependiente tiene pánico a una posible ruptura por lo que invierte muchos esfuerzos en evitar que se produzca.
  • Esta persona, como hemos mencionado previamente, suele poner en primer lugar a su pareja, por delante de su grupo de amigos o familia, lo que, en ocasiones, puede producir un distanciamiento con estos.
  • Puede existir una falta de equilibrio en la relación. Un ejemplo de esto sería un miembro de la pareja que deja que siempre sea el otro el que toma las decisiones (cede mucho). En estos casos no solo sufre el dependiente emocional sino también su pareja. Ésta puede sentir presión y agobio ante el hecho, por ejemplo, de tener que estar localizable y disponible, del chantaje emocional…
  • Hay otras formas menos comunes de personas con dependencia emocional en las que pueden adquirir un rol dominante en lugar de sumiso. En estos casos, suelen ser habituales los celos, la violencia psicológica y, en general, conductas de control a la pareja, a la que trata como una “posesión”.
  • Suele apreciarse en estas personas una baja autoestima, cambios bruscos de estado de ánimo, miedo al cambio, incapacidad para poner límites en ciertas relaciones y dificultades para decir no.

¿Cuáles pueden ser las causas?

La mayoría  de los estudios  asocian esta problemática a un estilo de crianza parental autoritario en el que no se le otorga al niño la  capacidad de desarrollar comportamientos independientes y autónomos. En lugar de esto, se le sobreprotege evitando todo acto de construcción de su ser por sí mismo.  

En esta línea, las personas se han formado esquemas sobre sí mismos y sobre la interacción y el establecimiento de vínculos con los otros desadaptativos, a causa de relaciones afectivas insatisfactorias en las primeras etapas de la vida. Estos esquemas constituyen la forma en la que vemos e interpretamos el mundo y son aprendidos en la infancia a través de nuestras figuras de referencia. En gran medida van a influir en nuestras expectativas y en nuestros comportamientos y emociones.

Este concepto suele estar ligado también a una autoestima baja. Las personas dependientes suelen tener un locus de control externo, esto hace referencia a que la persona cree que su comportamiento (o en este caso la autoestima) está condicionado por causas como: la suerte, los otros, etc, lo que le sitúa en un rol pasivo e inmóvil. Por ello, necesitan que sea otra persona que les valide y les dé cierto reconocimiento..

El refuerzo intermitente juega un papel clave en la dependencia emocional ya que el individuo recibe estímulos que le generan bienestar de forma intermitente. Esto produce que experimente las emociones con mucha intensidad, como una montaña rusa. Este tipo de reforzamiento es el más efectivo para incrementar y mantener conductas deseadas a largo plazo, de ahí el enganche que sienten estas personas por la pareja.

Consecuencias a largo plazo

Se producen en la persona dependiente sentimientos de insatisfacción y síntomas ansioso-depresivos. El dependiente nunca llega a ser feliz y llega a sentir cierto desprecio por sí mismo ante el hecho de mantenerse en una relación en la que no es tratado como se merece.

Otra de las consecuencias más habituales es el distanciamiento que se produce con amigos y familiares. Éstos intentan hacerle ver a la persona que no se encuentra en una relación sana y positiva, por lo que el dependiente reacciona a la defensiva y pueden producirse situaciones de conflicto que provocarán una ruptura o cierto aislamiento.

En general, las consecuencias de la dependencia emocional se basan en la afectación y el deterioro de muchas áreas de la vida de la persona, tales como el ámbito laboral (puede dejar de lado sus responsabilidades por priorizar las necesidades de la pareja), social, familiar y personal.

¿Qué se puede hacer al respecto?

Es importante iniciar tratamiento psicológico para frenar esta problemática y que la persona recupere poco a poco su propia vida. Es necesario que la persona reconozca que tiene un problema y decida pedir ayuda, sin embargo, esto es complicado ya que se trata de una adicción y lo más habitual es encontrar excusas para justificar la situación en la que se encuentra y su comportamiento.

A nivel familiar, lo óptimo sería que el dependiente recibiera su apoyo sin fomentar en ningún momento el mantenimiento de la relación de desequilibrio. Es decir, no abandonar al dependiente pero tampoco reforzar ese estilo de relación.

En conclusión, la intervención del psicólogo en esta problemática es indispensable para la ruptura de las dinámicas destructivas en la pareja y para que el dependiente tome conciencia de lo que está ocurriendo y tome un papel activo en su proceso de cambio.

 

Sandra Salas. Psicóloga General Sanitaria y Especialista en Mediación Civil y Mercantil.

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Redes Sociales - Cenit Psicología Rivas

Autoestima y Redes Sociales

En la actualidad, es habitual compartir momentos que vivimos a través de las Redes Sociales, plataformas como Instagram, Facebook y Twitter son algunas de las opciones que utilizamos para esta finalidad. Publicamos fotos, vídeos, reflexiones esperando un “me gusta” a cambio. ¿Con qué objetivo?

Las redes han cambiado la forma en la que nos relacionamos a nivel social. A día de hoy, se tratan de un elemento clave para estar conectados e informados de la vida de los otros las 24 horas del día, incluso sin conocerles ni haberles visto en persona. El problema comienza en el momento en el que su uso empieza a afectarnos en nuestro
bienestar psicológico, comportamiento y autoestima.

Es curioso observar el tipo de fotografías que compartimos, siempre mostrando nuestra mejor cara, el lugar al que nos hemos ido de vacaciones o cualquier momento asociado a una emoción positiva, creamos la apariencia de vida perfecta y de tener una autoestima alta, cuando la realidad es muy diferente.

En ocasiones, hemos podido notar que nos sentimos bajos de ánimo cuando revisamos estas Redes ya que el hecho de ver multitud de imágenes de rostros perfectos, cuerpos perfectos, lugares increíbles y platos de comida que no hemos probado afecta de forma notable a nuestra autoestima. Aquí entra la comparación, resulta complicado no comparar nuestro aspecto físico, nuestra vestimenta y, en general, nuestra forma de vida con los de las modelos, actores y actrices e influencers que todos conocemos.

Todas estas imágenes nos proponen un estilo de vida y un estereotipo de belleza difícilmente alcanzable que nos marca cómo deberíamos ser y cómo deberíamos vivir. Esto nos genera sensación de malestar y un concepto negativo de nosotros mismos al ver que no encajamos en estos prototipos. Viendo las publicaciones podemos fijarnos metas poco realistas y tener expectativas que sólo van a producirnos frustración e insatisfacción, ya que no son fácilmente alcanzables y, por lo tanto, nuestra autoestima disminuye considerablemente.

Es importante en estos momentos tomar conciencia de que las formas de vida de los personajes públicos y de la gente de a pie no son comparables, ya que el nivel de ingresos y las profesiones llevadas a cabo son diferentes. Esto no implica que nuestro estilo de vida sea peor, simplemente son distintos.

La población adolescente es la más vulnerable en este sentido llegando a desarrollar cierta adicción a las redes. Habitualmente, su autoestima se configura en función del número de “me gusta” que reciben al compartir sus fotos. Este refuerzo positivo obtenido de los otros ocasiona un sentimiento de aceptación social y de éxito que tiene un impacto directo en su autoestima. Por este motivo, se produce malestar y su autovalía se pone en entredicho cuando no obtienen el número de “likes” esperado.

Como conclusión final, es importante mencionar que las redes sociales son una excelente herramienta de comunicación con los demás y esa es exactamente su función, por lo que debemos controlar y limitar su uso de forma que no lleguen a afectarnos en la idea que tenemos de nosotros mismos y en nuestro concepto de valía personal.

 

Sandra Salas. Psicóloga General Sanitaria y especialista en Mediación civil y mercantil.

Cuando perdemos el sentido

“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.” Viktor Frankl

 

¿Qué es el vacío existencial?

El experimentar que la propia vida tiene sentido es un pilar fundamental para el bienestar psicológico de las personas. Va ligado al cumplimiento de metas vitales, a una visión positiva de la vida, del futuro y de uno mismo.

Cuando no alcanzamos este estado, se pueden originar sentimientos de frustración y desesperanza ante la duda sobre el sentido de la vida. Esto es lo que denominamos  “vacío existencial”, que se manifiesta en sentimientos y expectativas sobre el futuro. Están caracterizados por la apatía, el cansancio, la falta de ilusión, la sensación de inutilidad y de pérdida de control de la vida, la soledad y la sensación de estar desconectado del mundo.

¿Cuáles pueden ser las causas?

La pérdida de un ser querido suele ser uno de los desencadenantes más habituales de la sensación de vacío. Esta pérdida puede haberse producido bien por fallecimiento o bien por ruptura o separación.

La sensación de vacío también puede originarse ante cambios repentinos que trastoquen la estructura vital de la persona: la pérdida del puesto de trabajo, la mudanza a otra ciudad o país o una enfermedad, son algunos ejemplos. La incertidumbre generada por este tipo de situaciones produce una sensación de pérdida de control que requiere de la reestructuración de los planes de vida del individuo.

¿Qué solemos hacer para llenarlo?

Nuestra reacción natural cuando experimentamos malestar o una emoción de estas características es esconderla, evitarla, hacer como que no está ahí y bloquearla. Sin embargo, esta estrategia sólo resulta efectiva a corto plazo ya que, al igual que cuando metemos la suciedad bajo la alfombra no estamos haciéndola desaparecer, la estamos ocultando, pero sigue ahí.

En algunas ocasiones, utilizamos otro tipo de estrategias que también calman de forma temporal el vacío y de las que obtenemos un beneficio inmediato. Entre ellas, destacamos: la comida, las compras, el alcohol, etc. Éstas tampoco resultan efectivas ya que no están solucionando el problema si no manteniéndolo. En ocasiones, incluso llegan a producir una situación de dependencia que dificulta aún más que dejemos de tener ese sentimiento de vacuidad.

¿Qué debemos hacer cuando lo experimentamos?

Como actuaciones que podemos llevar a cabo para entender y dar salida a ese vacío que sentimos se pueden reseñar las siguientes:

  • Plantearnos objetivos a corto y medio plazo que sean realistas y alcanzables. Esto hará más probable que la persona se sienta motivada, con mayor ilusión y ganas de seguir adelante.
  • Encontrar tiempo para realizar actividades o hobbies que disfrutemos, ya sea solos o en compañía de otros.
  • Reflexionar sobre cuáles son las circunstancias que pueden estar influyendo en que nos sintamos así.
  • Evitar compararnos con los otros y aceptar que las personas somos diferentes y que cada vida es única.
  • Expresar las emociones que estamos sintiendo, sacarlas al exterior a través de los recursos con los que más conectemos: escritura, música, pintura, hablar con un amigo/a cercano, etc.
  • Pedir ayuda a un psicólogo/a si lo consideramos necesario. 
El peligro de ignorar tu estado emocional.

Superar una crisis emocional

Uno de los mayores problemas del ser humano, es que tenemos una habilidad excepcional para seguir adelante pase lo que pase. Muchas veces mantenemos esta actitud frente a los problemas cotidianos durante décadas sin permitirnos canalizar nada. Es por ello que a veces se produce una crisis emocional.

Por lo general lo percibimos como algo negativo, y es normal. Suele ser la consecuencia de habernos sentido mal durante mucho tiempo. Mientras lo padecemos nos sentimos mal y cuando le sucede a un ser querido, vemos cómo exterioriza su sufrimiento. No obstante, en muchas ocasiones son inevitables. Hay que padecerlos para procesar todo lo acumulado. En este artículo te explicamos por qué ocurren, de qué formas pueden exteriorizarse y cual es la mejor manera de pasar por ellos.

Qué es un colapso emocional

Entendemos por crisis nerviosa o emocional una especie de explosión repentina causada por sentimientos reprimidos. Lamentablemente, expresar lo que sentimos sigue siendo algo poco aceptado en muchos contextos sociales. A veces incluso entre amigos. Pasamos nuestros días absorbiendo estrés, conflictos con jefes, compañeros, parejas…

Compartir todo lo que estos problemas nos hacen sentir no nos parece una opción. Pasamos por todo esto durante mucho tiempo, muchas veces reaccionando con poco más que un pequeño tic en el ojo. Hasta que un día, para nuestra sorpresa y la de todos a nuestro alrededor, nuestra mente se rompe.

 

De qué formas puede exteriorizarse

Podemos exteriorizar todo lo que sentimos de diferentes formas: Quizá de repente no podemos levantarnos de la cama, caemos en una depresión, desarrollamos una ansiedad social que nos consume, dejamos de comer o comemos compulsivamente, perdemos el control de una parte de nuestro cuerpo o llevamos a cabo actos que difieren enormemente de cómo creíamos ser. (Debemos tener en cuenta, no obstante, que aun siendo nuestras acciones causa de un colapso emocional, seguimos siendo absolutamente responsables de todo lo que hagamos).

Estas y muchas otras consecuencias pueden darse a causa de una crisis emocional. Metafóricamente, es como si una parte de nosotros mismos que no controlamos bien atravesara un palo entre los radios de la rueda que nos hace funcionar.

 

Qué tendemos a hacer ante una crisis emocional

Como es de esperar, un problema de este tipo resulta un gran inconveniente para todos. Nuestro principal deseo cuando nos ocurre algo así es que se pase. Cuanto antes. Volver a la normalidad, poder ir al trabajo, sentirnos bien. Vivimos en la época de la inmediatez, y lo que más rápido puede subsanar esta urgencia que sentimos por recuperarnos es la medicación.

No obstante, el abuso de esta solución, sobretodo cuando son posibles otras opciones más tolerantes con nuestra fisiología y nuestras emociones, puede acarrear otras consecuencias: cuando aplacamos las consecuencias de un colapso emocional con medicamentos, estamos interrumpiendo el proceso de curación que nuestra propia mente nos ha impuesto.

 

Qué deberíamos hacer ante una crisis emocional

Una crisis emocional no deja de ser el intento de una parte de nuestra mente por inducir a la otra parte a un proceso de autodesarrollo que hasta el momento no ha sido posible. Es, dicho de otra manera, un periodo de recuperación que nuestra mente fuerza a través de la imposición de un estado que a nosotros nos parece de enfermedad.

 

Intentar no medicalizar el problema

El peligro de recurrir a los medicamentos, tal y como comentábamos anteriormente, es que interrumpimos este proceso natural de recuperación mediante la química. Antes de optar por esta solución, debemos considerar otras opciones. Existen, y aunque puede que sean menos inmediatas, son más tolerantes con nuestra fisiología y nuestros sentimientos.

La causa del problema ha sido el no permitirnos sentir. Al usar medicinas, de nuevo nos estamos negando la nececesidad procesar nuestras emociones.

Habrá casos, no obstante, en los que quizá los medicamentos sean indispensables, pero debemos dejar que ese juicio corra a cargo de un profesional; un psicólogo, psiquiatra o terapeuta.

 

Recurrir a un psicólogo o psicóloga

Ante todo de este tipo colapsos debemos aprender. El motivo por el que han ocurrido es porque quizá no hemos reflexionado durante años. La introspección y el autoanálisis es algo que se puede aprender. La terapia y la psicología es una herramienta fundamental para aprender a ser introspectivo. De esta manera, aprovecharemos estos periodos para comprendernos y extraer algo de un periodo difícil.

Un psicólogo o psicóloga es un profesional capaz de ayudarnos a entendernos a nosotros mismos. Es un guía cuya ayuda nos enseñará a hallar la raíz de lo que ha causado nuestro caso. Y, lo más importante, nos dará las claves para aceptar y procesar nuestras emociones sin hacer uso de medicamentos (excepto en casos más extremos en los que sea indispensable).

En CENIT Psicología Rivas contamos con un equipo de psicólogos preparados para escuchar tu caso personal y escucharte. Casi nunca se acude a consulta antes de que estos colapsos ocurran. Empezar a ir antes de que tengan cabida es una buena forma de trabajar en prevenirlos.

Acoso Laboral Mobbing

Mobbing: Identificar y solventar el acoso laboral

Comúnmente conocido por el término inglés mobbing, el acoso laboral es una es una problemática a la que muchas personas deben enfrentarse en el trabajo. Este acoso suele venir de la mano de uno o varios hostigadores pertenecientes al mismo ámbito laboral que la víctima. Su objetivo es producir sentimientos negativos en la víctima como miedo o desánimo.

Podría decirse que el mobbing es el equivalente al bullying que sufren muchos niños y adolescentes en los colegios e institutos, pero en el ámbito laboral. En este artículo te damos las claves para identificarlo y lidiar con ello.

Tipos de mobbing

El acoso laboral puede darse a diferentes niveles y desde diferentes enfoques. En ocasiones puede ser difícil identificar ciertos actos como mobbing, ya que a menudo presenta características diferentes. Algunos de los tipos de mobbing son:

Según la posición jerárquica

Acoso horizontal

Es el acoso que se produce por parte de semejantes o personas que desempeñan cargos al mismo nivel que el de la víctima. Es decir, los hostigadores en estos casos son compañeros de la víctima.

Acoso vertical ascendente

En este caso los hostigadores son los subalternos. Se da generalmente por parte de grupos de personas hacia alguien que tiene un cargo o puesto superior.

Acoso vertical descendiente

En estos casos el acoso viene dado por personas en cargos superiores a los de sus víctimas. Es decir, por parte de los jefes. A veces se conoce a este tipo de acoso con el término inglés bossing.

Según el objetivo

Mobbing estratégico

Este tipo de acoso laboral se caracteriza por ser parte de la estrategia de la empresa. El objetivo suele ser que el acosado renuncie a su contrato de forma voluntaria. De esta manera, la empresa no tiene por qué pagarle indemnización alguna al despedir a la víctima.

Mobbing de dirección o gestión

En estos casos el acoso viene dado por la dirección de la empresa y suele deberse a que se quiere prescindir de un trabajador poco sumiso, a que se quiere imponer una situación de esclavismo laboral o por motivos personales de un jefe contra otra persona (ya sea por envidia, por haberle dejado en evidencia…).

Mobbing perverso

Este tipo de acoso no tiene un objetivo laboral, sino que las causas suelen tener que ver con la personalidad o las dinámicas malignas del hostigador u hostigadores. Este tipo de mobbing es peligroso porque son pocas las medidas laborales que se pueden implantar para solventarlo. El hostigador en estos casos actúa sutilmente y suelen ser personas con amplias capacidades sociales para ganarse la confianza de la gente.

Mobbing disciplinario

Con este tipo de acoso se pretende que la víctima acepte que tiene que adaptarse a lo que se le pide y que habrá consecuencias nefastas si no lo hace. El objetivo principal es infundir miedo tanto en la víctima como en el resto de compañeros que ven lo que les puede suceder también a ellos. De esta manera, nadie se atreve a llevarle la contraria al superior.

Consejos para lidiar con el mobbing

Algunas de las claves que desde CÉNIT te damos para lidiar con un problema así son:

  • Realiza todas las comunicaciones en el trabajo mediante correo electrónico y exigir que se comuniquen contigo de la misma manera. Así siempre quedará un registro en la red de todo lo que dices y de las instrucciones que recibes.
  • Guarda toda la documentación y pruebas que puedan demostrar que existe una situación de acoso. Hacer capturas de pantalla, guardarlo todo en una memoria USB…
  • No tomes medidas que sean ilegales.
  • Comparte tu problema con familia y amigos.
  • Intenta no reaccionar ante insultos o provocaciones. Es difícil, pero mantener la calma puede marcar la diferencia. Recuerda que tus reacciones viscerales pueden volverse contra ti.
  • Anota en un diario o agenda lo que va pasando día a día. Tanto las hostigaciones como las emociones que estar provocan en ti.
  • Si fuera necesario, graba situaciones. Cuidado con esto porque puede tener efectos legales negativos contra ti, pero podría interesarte grabar ofensas verbales para defenderte. Tan solo no subas el contenido a la red y asegúrate de que tú aparezcas o se te oiga en la grabación.
  • Intenta no compartir el problema con compañeros de trabajo. A veces no pasa nada si se lo cuentas a un compañero de confianza, pero en estas situaciones hay que tener cuidado de todo el entorno.
  • Pide ayuda profesional, compartir tus problemas con un psicólogo o terapeuta que pueda guiarte a través de esta experiencia puede ayudarte considerablemente. En CÉNIT contamos con un amplio abanico de profesionales que pueden ayudarte. No dudes en contactar con nosotros, queremos escuchar tu caso.
  • Pide la baja si la situación no mejora y te está haciendo daño. Guarda todos los partes de baja e informes médicos.
  • Toma acciones legales, siempre después de haber informado a la empresa de la situación habiendo aportando pruebas.
Dislexia y sus dificultades

Identificar y tratar la dislexia

Qué es la dislexia

La dislexia es una dificultad del aprendizaje que supone una alteración de la capacidad para leer y escribir que se suele detectar durante la niñez. Esto supone una dificultad añadida en el proceso de aprendizaje y, evidentemente, puede afectar al desarrollo de otras actividades además de la comprensión lectora, como a la ortografía, la escritura o las matemáticas. No obstante, no debería confundirse con ninguna discapacidad psíquica. 

El principal problema de la dislexia es que no es compatible con el sistema educativo normativo, ya que todos los contenidos se imparten mediante el código escrito.

Factores indicativos de dislexia

Es más fácil detectar la dislexia en edades tempranas, ya que es cuando se desarrolla la habilidad del lenguaje.

Algunos de los factores o síntomas pueden ser: desarrollo tardío del lenguaje, dificultad para aprender letras y números, lectura en espejo, dificultades motrices y de equilibrio, confusión de la derecha y la izquierda.

No obstante, si se sospecha que un niño o niña puede padecer dislexia, lo mejor es llevarle a terapia. Cuanto antes sea diagnosticado, antes se podrá actuar en consecuencia a esta dificultad.

 

De los 6 a los 7 años

Algunos de los factores detectables a esta edad pueden ser: desarrollo tardío del lenguaje, Didificultad para aprender letras y números, lectura en espejo, dificultades motrices y de equilibrio, confusión de la derecha y la izquierda, problemas conductuales debido a la frustración, falta de atención y aumento de la actividad.

De 6 a 12 años

Dificultades para leer, problemas para pronunciar palabras nuevas, trasposición de letras, inversión de letras, números y palabras al escribir, dificultad para pronunciar bien algunas palabras, escritura en espejo.

De 12 a 16 años

En estas edades la dislexia puede afectar mucho a nivel de autoestima. Normalmente estos adolescentes evitan leer en voz alta, sufren problemas de concentración y le cuesta socializar y adaptarse a ambientes nuevos.

De 16 a 20 años

Es raro pasar por alto un caso de dislexia antes de los 16 años, no obstante, quienes padecen dislexia no tratada en este rango de edad suelen tener dificultades para orientarse y aprender a conducir, aprender otro idioma, expresarse, entender bromas o juegos de palabras y consecuentemente, problemas para socializar.

 

Cómo tratar con niños con dislexia

Lo primero y más importante será informar al niño o niña sobre la dificultad que padece. Esto habrá que explicárselo de manera clara y con tacto. El principal objetivo es que él conozca qué es lo que le pasa, no que se sienta mal por ello.

A estos niños se les debe enseñar a identificar cuándo la dislexia puede suponerles un obstáculo y cuándo y cómo deben pedir ayuda sin sentirse mal por ello.

En casa deben sentirse apoyados y comprendidos; su entorno debe saber reconocer su esfuerzo y sus dificultades.

 

Personalidad de un niño con dislexia

Las circunstancias de su condición propician que estos niños y adolescentes se sientan diferentes y fuera de lugar. La dislexia no afecta solo al ámbito académico y al proceso de aprendizaje. También puede suponer una dificultad muy dolorosa a la hora de socializar y adaptarse.

Por poner un ejemplo, los niños y adolescentes con dislexia pueden tener problemas para entender chistes y juegos de palabaras. Esto puede transformar los ámbitos sociales corrientes en auténticas fuentes de inseguridad. Pequeños eventos como estos van mermando su autoestima y cada vez les es más complicado adaptarse a nuevos entornos.

Los niños y niñas con dislexia tienden a ser muy sensibles debido a la inseguridad que les puede producir socializar o realizar actividades como leer en alto en el colegio.

 

Terapia para niños con dislexia

Para el tratamiento de este trastorno es necesario un psicólogo o psicóloga especializada. Estos profesionales (psicólogos, terapéutas…) les enseñarán a desarrollar estrategias de apoyo para la lectura y la escritura.
Pero la terapia no acaba ahí, es fundamental el apoyo familiar en casa. El entorno será la mayor fuente de motivación para estos niños. En casa deberán fomentarse actividades que con las que puedan reforzar la confianza en sí mismos como deportes o manualidades.

Tanto en el ámbito académico como en casa, los niños con dislexia deben sentirse comprendidos y recibir una atención especializada que se adapte a su dificultad y a sus necesidades de aprendizaje.

En CÉNIT Rivas contamos con un equipo de psicólogos expertos especializados en casos de dislexia en niños. No dudes en contactar con nosotros para contar con nuestro apoyo.

Vivir con ansiedad

Terapia para superar la ansiedad

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es un estado de agitación natural que se convierte en un problema cuando se padece de forma desmedida o durante tiempo prolongado:

 

¿Qué tipos de trastornos de ansiedad existen?

Existe una variedad muy amplia de formas y trastornos en los que este problema puede exteriorizarse.
Algunos de los más conocidos son el trastorno de ansiedad social, el trastorno obsesivo compulsivo, el trastorno de estrés postraumático, la agorafobia o fobias específicas.

Evidentemente, cada una de estos trastornos necesitará un enfoque concreto, pues aunque en todos esté presente el estado de agitación y nerviosismo, las causas y la situación personal de cada paciente varía y es necesario un tratamiento psicológico personalizado.

 

¿Cómo sé si sufro algún problema de ansiedad?

Estos desórdenes son difíciles de detectar porque los síntomas a menudo se confunden con miedo o nerviosismo. Algunos de ellos pueden ser:

Taquicardia, palpitaciones, opresión en el pecho, falta de aire, temblores, sudoración, molestias digestivas, náuseas, vómitos, el conocido «nudo» en el estómago, desórdenes alimenticios, tensión y rigidez muscular, cansancio, hormigueo, sensación de mareo e inestabilidad.

Si se padece ansiedad, estos síntomas son especialmente difíciles de controlar y se prolongan en el tiempo. Pueden ser causados por factores muy concretos o aparecer generalizados y sin motivo aparente. En caso de duda lo más recomendable es acudir a terapia y recibir un diagnóstico de un psicólogo o psicóloga.

 

¿Cómo actuar frente a un ataque de ansiedad?

Los ataques de pánico o crisis de ansiedad son períodos en los que se padece un intenso temor y malestar. Suelen durar de 15 a 30 minutos y nunca más de una hora.

Lo más importante durante una de estas crisis es reconocer que se trata de un ataque de ansiedad y que tendremos que pasarlo. Es mejor no intentar controlarlo porque probablemente eso solo consiga que nos desesperemos más. No es recomendable huir del lugar en el que nos encontramos. Tampoco debemos realizar rituales de ningún tipo para no terminar convirtiéndonos en esclavos de costumbres sin sentido.

Lo mejor será buscar un lugar cercano a donde nos encontramos. Algún sitio donde podamos sentarnos hasta que el ataque de pánico haya pasado. Debemos recordar que la única opción es padecerlo y que intentar luchar contra el ataque no hará que dure menos.

 

Consejos para reducir la ansiedad

Hay algunas medidas sencillas que podemos tomar para ayudar a nuestra mente a reducir la ansiedad:

No recurrir a sustancias nocivas

Aunque pueda parecer que el tabaco, algunas drogas o el alcohol ayudan a controlar la ansiedad, no es así. A la larga solo empeoran el problema. Con estas sustancias enseñamos a nuestro cuerpo que la única manera de relajarse es consumiéndolas. Esto es bastante peligroso, pues podría causar o agravar adicciones.

La cafeína, aunque en menor medida, también puede ser perjudicial. El café y algunas bebidas cafeinadas alteran levemente el sistema nervioso, lo que puede propiciar la aparición de crisis de ansiedad.

Ejercicio físico regular

El ejercicio físico regular, no obstante, es muy recomendable para mantener la mente despejada y el cuerpo relajado. Una buena opción es practicar yoga, una disciplina en la que se trabaja tanto el cuerpo como la mente y con la que se aprenden técnicas de respiración y relajación. El yoga es el complemento perfecto de la psicología para la superación y la prevención de este tipo de trastornos.

 

Meditación

Es una técnica muy ligada al yoga y a la psicología. Si bien es verdad que iniciarse en la meditación con un trastorno de ansiedad es complicado, una buena forma de hacerlo es a través del yoga.

Con la meditación enseñamos a la mente a relajarse y a reaccionar con mucha más serenidad ante estímulos detonantes. Es por esto que puede ser una gran ayuda para la ansiedad.

Empezar a practicar meditación puede suponer una fuente de frustración para muchas personas, pues consiste en técnicas de relajación e introspección nada sencillas. El yoga combina la meditación con el ejercicio moderado de manera que se entrena tanto el físico como la mente. Sin darnos cuenta nos iniciamos en el camino de la meditación. Un motivo más para considerar el yoga un complemento para el proceso de superación de la ansiedad.

Acudir a terapia para tratar la ansiedad

Cada paciente necesitará un enfoque terapéutico personalizado, pero hay algunos hábitos que pueden contribuir a mejorar; una dieta saludable, el ejercicio físico y la meditación contribuyen positivamente en superación de uno de estos trastornos.

Además, aunque en muchas ocasiones se evita la terapia, lo cierto es que la ayuda profesional suele convertirse en el pilar fundamental que sustenta la superación de un trastorno de ansiedad.

La terapia le proporciona las herramientas al paciente para identificar el punto de origen de su problema. En CÉNIT contamos con un equipo de psicólogos expertos que pueden ayudarte a entender cómo funciona la ansiedad y a ir reduciéndola poco a poco hasta hacerla desaparecer.

No dudes en contactar con nosotros si crees que tú o alguien de tu familia necesita ayuda para superar un problema de ansiedad; desde CÉNIT queremos ayudarte.