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Mediciación o proceso judicial - CENIT PSICOLOGÍA

¿Mediación o Proceso Judicial?

¿Qué es la mediación?

La Mediación es un procedimiento de resolución de conflictos en el que dos o más partes se encuentran inmersas en el problema y trabajan con un profesional imparcial que facilita la comunicación y ayuda a que éstos generen sus propias soluciones para llegar a un entendimiento.

Se diferencia del proceso Judicial en el que no existe un tercero que tome la decisión por las partes, éstos son los protagonistas del proceso y el objetivo es encontrar una solución válida para ambos. Esto encaja con el lema de la mediación, ganar-ganar (“win-win) que expresa la finalidad de que las personas implicadas lleguen a un acuerdo satisfactorio para todas ellas.

¿Cuáles son sus ventajas?

Como ventajas del procedimiento podemos mencionar las siguientes:
–  Mejora la comunicación entre los miembros.
–  Reduce los conflictos entre las partes.
– Da lugar a acuerdos consensuados.
– Asegura la continuidad de las relaciones porque se refuerza la confianza entre las partes y en ellas mismas.
– Reduce costos económicos y sociales.
– Reduce el tiempo necesario para la resolución de conflictos.

La mediación supone un cambio en la modalidad de resolución de conflictos, que alienta la comunicación directa de los involucrados, desarrolla las habilidades de las personas para buscar sus propias respuestas y promueve la autonomía de la voluntad y la autogestión. Este procedimiento es idóneo cuando se trata de relaciones que van a perdurar en el tiempo ya que se lleva a cabo una exploración y comprensión de la evolución del conflicto.

En el Proceso Judicial, los abogados tienen una estrategia puramente legal, que no tiene en cuenta a las partes implicadas en el conflicto. Por este motivo, las soluciones que se plantean a través de este proceso, en muchas ocasiones, no responden a los intereses y necesidades de las partes, lo que produce que éstas se sientan insatisfechas.

Este proceso tiene un elevado coste. Es importante tener en cuenta que se pagarán los gastos del procedimiento, los honorarios de los profesionales que se requieran (abogado, procurador, etc), lo que encarece los costes. En mediación, sólo se abonan los honorarios del mediador, que se establecerán en función del número de sesiones que se necesiten, por lo tanto, supone una ganancia a nivel económico.

La duración de ambos procedimientos es también diferente. Por un lado, el proceso judicial emplea mucho más tiempo ya en él intervienen más personas. La duración puede extenderse de meses a años. Sin embargo, la mediación evoluciona en función de la colaboración de las partes y no se demora demasiado en el tiempo al establecerse el proceso en determinadas sesiones consensuadas entre las partes y el mediador.Por último, el coste emocional es menor en la mediación ya que facilita la comunicación entre las personas y el entendimiento del conflicto. Por estos motivos, es recomendable iniciar un procedimiento de estas características en lugar de judicializar los conflictos ya que, a largo plazo, los beneficios y la satisfacción van a ser mayores.

 

Sandra Salas. Psicóloga General Sanitaria y Especialista en Mediación Civil y Mercantil.

dysania - Cenit Psicología

Dysania: el por qué nos cuesta levantarnos

La dysania es un estado de conciencia alterado en el cual cuesta salir de la cama cuando suena el despertador y hay que levantarse. Por ejemplo, cuando tienes que levantarte para ir al trabajo y vas posponiendo tu alarma de forma sucesiva, es un ejemplo de dynasia, ya que el cuerpo te pide que sigas durmiendo porque no quiere entrar en movimiento.

Tras una noche de plácido sueño (sobre todo en los meses de invierno), empiezas a escuchar un sonido repetitivo que viene del reloj de tu mesilla de noche o de tu teléfono móvil. Sí, efectivamente se trata de tu despertador. Ha llegado la hora de levantarse, pero no tienes ni pizca de gana de salir de entre las sábanas.

Este fenómeno puede estar vinculado con diferentes trastornos del sueño. Puede ser debido al insomnio o a las alteraciones en el ciclo de sueño vigilia, aunque en un mayor número de casos, ocurre a personas que trabajan en turnos rotativos o que tienen preocupaciones que alteran y dificultan sus momentos de descanso.

La dynasia no es una enfermedad, sino un síntoma de que algo en nuestro organismo no funciona bien del todo, ya sea un tema emocional o físico. Por eso, esa sensación constante de cansancio o fatiga, como si no se hubiese dormido o descansado lo suficiente, puede desembocar en dynasia, un desorden que va acompañado de mal humor ante la imposibilidad de salir de la cama.

¿Cuáles son sus síntomas?

En primer lugar, cabe destacar que la dynasia es una falta de motivación por levantarse que se da esporádicamente. Para que se de un caso claro de dynasia, esa falta de motivación debe ser constante y además, puede estar acompañada por los siguientes síntomas:

  • Necesidad de regresar a la cama, nada más habernos levantado.
  • Sensación constante de cansancio.
  • Preocupación al pensar que tenemos que salir de la cama.
  • Mal humor.
  • Falta de capacidad para realizar una tarea.
  • Irritabilidad.

En definitiva, está claro que levantarse no es tarea fácil en absoluto cuando el estrés se apodera de nosotros. Sin embargo, podemos hacerle frente y sacar lo mejor de nosotros para recuperarnos.

Cómo salir de las malas rachas - Cénit Psicología

¿Cómo salir de las malas rachas?

Lo primero que se debe hacer para salir de las malas rachas, es examinar la situación y activar las expectativas hacia un futuro inmediato. Para ello, es necesario renunciar a la idea de que debemos estar bien como antes a corto plazo.

Se puede definir como concepto de ”malas rachas” a aquellos momentos en los que coinciden ciertos valores o vivencias negativas al mismo tiempo, que suelen comenzar con una pérdida o un problema un tanto difícil de resolver.

Después, a raíz de ese suceso, intervienen otras situaciones problemáticas y es entonces, cuando empezamos a sentir que estamos en una etapa en la que ”todo nos sale mal”. Lo más común, es que conduzcamos estos problemas a un principio de ”mala suerte”.

Para que este término sea correcto, la situación debe permanecer así durante un largo periodo de tiempo. Esto, lo que provoca es minar la vitalidad y sumergirnos en un estado de pesimismo, convierte nuestra visión de ver el mundo de una forma totalmente negativa.

Claves para salir de las malas rachas:

Aunque las malas rachas se caractericen porque todo parece ir mal o torcido, siempre hay un factor que es el foco central de dicho problema. Lo habitual es que coincida con el elemento que causó este estado, como por ejemplo la pérdida de un empleo, la muerte de un familiar o ser cercano, una ruptura o divorcio, un accidente, una enfermedad…

Para poder salir de este estado de malas rachas, lo más importante es identificar cuál es el elemento que más peso tiene ante los demás. Por lo general, dicho factor es precisamente el más difícil de resolver. Pero por otro lado, precisarlo nos ayuda a organizar las ideas y a diseñar las posibles soluciones.

Examina tu contexto mental:

Es importante que examines el contexto mental que examina el tener una época de malas rachas. Esto se refiere a las ideas asociadas a dicha dificultad. Por ejemplo, si tu pareja te pidió tiempo, es muy probable que asocies ese hecho con ideas como ”fue mi culpa” o, por ejemplo, ”nunca volveré a ser tan feliz”.

En conclusión y como consejo, si quieres salir de esta etapa negativa, lo que debes hacer es transformar esas ideas no por las opuestas, sino por las más realistas.

¡Avanza! Da el paso:

Uno de los efectos más comunes de las malas rachas es quedarnos paralizados. Al principio, actuamos con dinamismo ante las situaciones complicadas, pero conforme va pasando el tiempo, la inacción se termina apoderando de nosotros. En muchas de las ocasiones esperamos incluso que ”algo pase” y nos saque de tal situación.

Lo que debemos hacer es actuar, reajustar las expectativas y continuar el trayecto. Aunque muchos están equivocados pensando que la manera de resolver el problema es volver al estado anterior y no es así.

De hecho, nada será como antes y lo más probable, es que tengamos que comenzar de nuevo, en unas condiciones totalmente diferentes e incluso, que al principio no nos gusten.

Cómo se clasifican las drogas - Cenit Psicologia

Drogas: ¿cómo se clasifican?

 ¿Qué son las drogas?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) propone una definición de las drogas como: “toda sustancia que introducida en el organismo por cualquier vía de administración, produce de algún modo una alteración del natural funcionamiento del sistema nervioso central del individuo y además es susceptible de crear dependencia, ya sea psicológica, física o ambas”. Añade, también, que se tratan de sustancias que si se consumen pueden modificar la conciencia, el estado de ánimo o los procesos de pensamiento del sujeto.

Orígenes de su uso y consumo

No es una novedad resaltar que el ser humano, desde su existencia, ha estado muy a menudo ligado al consumo de sustancias que han podido afectar su sistema nervioso. Durante la Prehistoria fueron utilizadas con fines médicos o en rituales y, mucho tiempo después en la Antigua Grecia, tenían lugar orgías sagradas en las que se tomaban sustancias que provocaban visiones. Es importante también hablar del alcohol, que fue utilizado en la antigüedad por egipcios, griegos, romanos y hebreos, en muchas ocasiones ligado a la religión. En estos ejemplos, se observa cómo el hombre ha estado, casi siempre, vinculado al uso de este tipo de sustancias.

Clasificación

En cuanto a su clasificación, actualmente, existen multitud de ellas al respecto atendiendo a diversos factores: la legalidad o ilegalidad de la sustancia, su efecto en el sistema nervioso, según la vía de consumo, según su peligrosidad, según el tipo de dependencia que originan, etc.

Teniendo en cuenta el efecto que tienen sobre el sistema nervioso, por tratarse ésta de una de las categorías más utilizadas, se pueden agrupar de la siguiente manera:

  • Depresoras del sistema nervioso: son aquellas que disminuyen o retardan el funcionamiento del sistema nervioso central. Dentro de los efectos que producen encontramos: alteración de la concentración, provocan relajación, sensación de bienestar, sedación, apatía y disminución de la tensión. Algunos ejemplos serían los siguientes:
    – Alcohol.
    – Hipnóticos: pastillas para conciliar el sueño y barbitúricos.
    – Ansiolíticos: benzodiacepinas.
    – Opiáceos: heroína, morfina y metadona.
    – Tranquilizantes.
    – Inhalantes.
  • Estimulantes del sistema nervioso: se tratan de sustancia que producen una activación del sistema nervioso central provocando sensación de euforia y desinhibición. También encontramos síntomas de irritabilidad, cierta agresividad, disminución del sueño, dificultades en el control emocional, etc. En este grupo nos encontramos con:
    – Anfetaminas
    – Nicotina
    – Cocaína y otros derivados
    – Xantinas: cafeína teobromina
  • Sustancias psicodélicas o perturbadoras: producen distorsiones en las sensaciones y tienen una gran afectación sobre el estado de ánimo y los procesos de pensamiento. Aquí estarían recogidas:
    – Alucinógenos: LSD, mescalina, etc.
    – Cannabinoides: hachís, marihuana.
    – Éxtasis, ketamina.

Situación de nuestro país:

El informe de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, titulado Alcohol, tabaco y drogas ilegales en España (2015), considera que España es el quinto país de toda la Comunidad Europea con mayor consumo mensual de sustancias tras Francia, Dinamarca, Reino Unido e Italia; siendo el alcohol la droga más consumida en nuestro país, seguida del tabaco y los tranquilizantes.

 

Sandra Salas. Psicóloga General Sanitaria y Especialista en Mediación Civil y Mercantil.

Visita nuestro post anterior: ”Menopausia y sexualidad: ¿cómo afecta a esta esfera de nuestra vida?”

Menopausia y sexualidad - Cenit Psicología

Menopausia y sexualidad: ¿cómo afecta a esta esfera de nuestra vida?

La menopausia constituye una etapa con multitud de cambios en la vida de las mujeres. Biológicamente, se caracteriza por la disminución de una serie de hormonas que provoca la desaparición de la ovulación, menstruación y de la capacidad de reproducción.

Sin embargo, los cambios van más allá de esto y se producen alteraciones en el físico, psicológicas y emocionales. La bajada en los niveles de estrógenos puede provocar que el deseo sexual se reduzca en gran medida en la mujer, al mismo tiempo que puede disminuir la lubricación vaginal.

Aumenta, por este motivo, la dificultad para la excitación y se puede producir cierta pérdida de sensibilidad, además de reducirse el interés sexual.

¿Cuáles son los síntomas emocionales?

Podemos mencionar en este apartado algunos de ellos:

– Cambios de humor e inestabilidad emocional.
– Síntomas depresivos como tristeza, apatía, cansancio…
– Dificultades de concentración.
– Síntomas de ansiedad.
– Irritabilidad.
– Baja autoestima.
– La disminución del deseo sexual, tal y como hemos explicado previamente.

Se puede apreciar que esta sintomatología es similar a la que padecemos en un proceso de duelo y es que, la pérdida definitiva de la capacidad reproductiva no deja de ser una pérdida que puede producir en algunas mujeress sentimientos de: impotencia, vacío, frustración y desesperanza.

Otros síntomas:

Además de los síntomas de corte más psicológico también es común que en la menopausia aparezcan:

– Dificultades en el control de la vejiga o incontinencia.
– Adelgazamiento de los huesos (osteoporosis)
– Sofocos e insomnio: suelen producirse habitualmente por las noches debido a la reducción de estrógenos, lo que afecta en gran medida al sueño.
–  Aumento de peso: en este período, se pierde masa muscular y se produce un aumento en los adipocitos. Para contrarrestar esto, es importante cuidar la dieta y los hábitos saludables como el ejercicio físico.

¿Por qué afecta a mi vida sexual?

Como hemos mencionado antes, se produce con la menopausia una bajada en los niveles de estrógenos que pueden ocasionar que el flujo sanguíneo a la vagina también se reduzca considerablemente. Todo esto puede afectar a la sensibilidad de la zona genital femenina al volverse los tejidos de la misma más finos. Otro de los resultados de la disminución del flujo sanguíneo es la afectación de la lubricación vaginal y los niveles de excitación, que también se reducen.

Las molestias durante el sexo aumentan y se dificulta el alcance del orgasmo debido a estos motivos. Al mismo tiempo, el cambio hormonal y la inestabilidad emocional pueden colaborar en la disminución de la libido.

Las circunstancias personales y el ámbito laboral pueden influir en esta situación ya que el estrés también es uno de los elementos que afectan al deseo sexual.

Si existen enfermedades físicas, consumo de tabaco o escasa actividad física en la mujer aumentan las probabilidades de experimentar la reducción de la libido.

¿Qué puedo hacer para mejorar esto?

  • Se puede recurrir a la terapia hormonal para contrarrestar los efectos. Un tratamiento médico a base de estrógenos que eleve los niveles de los mismos podría ayudar a que el deseo sexual no se viera tan afectado.
  • El uso de lubricantes también podría ser útil para facilitar las relaciones sexuales.
  • Incluir actividad física en nuestra vida cotidiana.
  • Consultar a nuestro médico para que nos informe de posibles tratamientos para
    el aumento de la libido.

 

Sandra Salas. Psicóloga General Sanitaria y Especialista en Mediación Civil y Mercantil.

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Violencia de género - Cenit Psicologia

Violencia de género

¿Qué es?

La violencia de género es un tema actual en la sociedad en la que vivimos. La Ley la define como “toda violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quiénes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia” (LO 1/2004).

¿Cómo identificarla?

Dentro de las manifestaciones de la violencia de género podemos destacar las siguientes:

 – Violencia física: se trata de un tipo de violencia muy visible, que se puede percibir de forma objetiva ya que deja marcas. Por este motivo, es la más fácilmente identificable y la que, debido a la reacción evidente del entorno,
puede ayudar a la víctima a tomar conciencia. Como ejemplos podemos hablar de: patadas, puñetazos, hematomas… bien empleando las manos, objetos o armas.

– Violencia psicológica: este tipo de violencia es más sutil y no se identifica con tanta claridad ya que muchas veces se produce en la intimidad. Palabras de desprecio, humillaciones y manipulación son sus elementos más característicos. Se emplean estrategias como la indiferencia, el silencio y cualquier elemento de control sobre la víctima.

– Violencia económica: ésta afecta, mayoritariamente, a los casos en los que la mujer depende económicamente de su pareja y se ejerce un control exhaustivo del uso que la mujer hace de del dinero. Actuaciones características de este tipo de violencias son: prohibirle el acceso a la economía, obligarla a entregarle todos sus ingresos, controlar los gastos que ésta hace de la tarjeta de crédito, pedirle que le enseñe los tickets de todas las compras que hace, etc.

– Violencia social: en estos casos el agresor limita cualquier contacto social que pueda tener su pareja ya sea con amigos, familiares, compañeros de trabajo impidiéndole ampliar su red de apoyo y provocando un distanciamiento y
posible ruptura de las relaciones sociales que la mujer tenía previamente.

– Violencia sexual: La Organización Mundial de la Salud (OMS) define este constructo como “cualquier acto dirigido contra la sexualidad de una persona y comprende situaciones como tocamientos, roces, agresiones, acoso sexual callejero, exhibicionismo o violaciones”. Se trata de un elemento extendido e invisible, ya que no se identifica con facilidad.

¿Por qué se mantiene el vínculo agresor-víctima?

El proceso de victimización no se produce de un día para otro, sino que empieza de forma muy sutil y escalonada provocando que la víctima no siempre sea consciente de la gravedad de la situación en la que se encuentra. Existen fases en este proceso que tienen una duración variable y se manifiestan de diferentes formas. Estas 4 fases se
denominan en su conjunto “ciclo de la violencia”, las cuales se van sucediendo unas a otras repitiéndose este proceso infinitas veces y dificultando la posibilidad de frenarlo.
Es la psicóloga americana Leonore Walke en el año 1979 quien plantea la división del clico en estas fases:

– Fase I: Fase de Calma. Esta fase destaca por ser un período de tranquilidad en la relación, no se detectan
grandes conflictos y existe la vivencia idílica de la pareja.

– Fase II: De acumulación de tensión. Se caracteriza por episodios que llevan a roces entre los miembros de la pareja, lo que hace que los sentimientos de hostilidad entre ellos aumenten poco a poco. Aquí da comienzo el maltrato psicológico orientado a ejercer conductas de control sobre la víctima con el objetivo de desestabilizarla. Es en este momento cuando existe la tendencia en la mujer de minimizar o negar la situación, de justificar la conducta violenta de su pareja y centrarse en las cualidades positiva que éste tiene.

– Fase III: De explosión. Se trata de la fase más corta e intensa de todas. Las consecuencias sobre la víctima en este momento son muy fuertes, tanto a nivel físico como psicológico. Entran en juego aquí las expectativas de cambio que la víctima tiene hacia su pareja y aparece también la culpa hacia sí misma.

– Fase IV: Luna de Miel. Esta fase tiene un poder importante en el ciclo de la violencia ya que es la responsable de que la víctima se mantenga en la situación. El agresor intenta compensar el daño ocasionado en la fase anterior e intenta demostrar a la víctima que va cambiar y que lo que pasó no volverá a repetirse. La mujer se aferra a esa expectativa de cambio y al arrepentimiento que él muestra, de ahí que no se produzca la ruptura.

Encontramos muestras de cariño constantes, atenciones, regalos e incluso el contacto con familiares y amigos de la víctima para intentar influir en el perdón de la misma. También es habitual que el agresor exponga que necesita ayuda de un profesional y le transmita a su pareja que no puede dejarle solo por ese motivo (esta es otra de las razones por las que, en muchos casos, deciden retomar la relación o incluso retiran alguna denuncia interpuesta).

La indefensión aprendida:

La teoría de la indefensión aprendida fue formulada por Seligman en 1975 y la define como el estado psicológico que se produce frecuentemente cuando los acontecimientos son incontrolables, cuando no podemos hacer nada para cambiarlos. Leonore Walker, mencionada previamente, teniendo en cuenta lo estudiado por Seligman y enfocándolo en la violencia de género planteó que el maltrato prolongado en el tiempo disminuye la motivación de la mujer a responder e intentar cambiar la situación. Se produce un debilitamiento en las habilidades de afrontamiento y se observa en la víctima un rol pasivo, llegando a considerar que no hay una salida, que nada va a cambiar. Unido a esto concurren sentimientos de incompetencia, frustración y estado depresivo que contribuyen al mantenimiento del problema.

 

Sandra Salas. Psicóloga General Sanitaria y Especialista en Mediación Civil y
Mercantil.

Dependencia emocional pareja - Cenit Psicologia Rivas Vaciamadrid

¿Por qué no puedo dejarle?

“El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad”Arthur Shopenhauer

¿Qué es la dependencia emocional?

El  sentirnos  queridos, deseados y  preocupados por otro ser provoca en  nuestro cerebro la misma sensación de placer que las drogas sintéticas. La gratificación  que obtiene el drogadicto del consumo de sustancias se reproduce biológicamente igual que el placer de sentirnos conectados con las personas amadas.

En ocasiones, este deseo de conexión se  convierte en una sensación destructiva llegando a transformar una  acción racional y positiva en una fuente de sentimientos negativos y patología.

Jorge Castelló (2010)  define este constructo como “un patrón  persistente de necesidades emocionales insatisfechas que se intentan cubrir desadaptativamente con otras personas”. Este autor, especializado en dependencia emocional y trastornos de personalidad, considera que se trata de un problema que produce que la persona “priorice el mundo de la pareja sobre cualquier otro, hasta el punto de anularse en exceso por las relaciones de pareja o vivirlas con una intensidad emocional normalmente negativa y desbordante”.

¿Cómo se manifiesta?

La dependencia emocional puede manifestarse de diversas maneras:

  • Suele haber una idealización de la figura de la pareja, generando unas expectativas no realistas de ella.
  • La persona dependiente tiene pánico a una posible ruptura por lo que invierte muchos esfuerzos en evitar que se produzca.
  • Esta persona, como hemos mencionado previamente, suele poner en primer lugar a su pareja, por delante de su grupo de amigos o familia, lo que, en ocasiones, puede producir un distanciamiento con estos.
  • Puede existir una falta de equilibrio en la relación. Un ejemplo de esto sería un miembro de la pareja que deja que siempre sea el otro el que toma las decisiones (cede mucho). En estos casos no solo sufre el dependiente emocional sino también su pareja. Ésta puede sentir presión y agobio ante el hecho, por ejemplo, de tener que estar localizable y disponible, del chantaje emocional…
  • Hay otras formas menos comunes de personas con dependencia emocional en las que pueden adquirir un rol dominante en lugar de sumiso. En estos casos, suelen ser habituales los celos, la violencia psicológica y, en general, conductas de control a la pareja, a la que trata como una “posesión”.
  • Suele apreciarse en estas personas una baja autoestima, cambios bruscos de estado de ánimo, miedo al cambio, incapacidad para poner límites en ciertas relaciones y dificultades para decir no.

¿Cuáles pueden ser las causas?

La mayoría  de los estudios  asocian esta problemática a un estilo de crianza parental autoritario en el que no se le otorga al niño la  capacidad de desarrollar comportamientos independientes y autónomos. En lugar de esto, se le sobreprotege evitando todo acto de construcción de su ser por sí mismo.  

En esta línea, las personas se han formado esquemas sobre sí mismos y sobre la interacción y el establecimiento de vínculos con los otros desadaptativos, a causa de relaciones afectivas insatisfactorias en las primeras etapas de la vida. Estos esquemas constituyen la forma en la que vemos e interpretamos el mundo y son aprendidos en la infancia a través de nuestras figuras de referencia. En gran medida van a influir en nuestras expectativas y en nuestros comportamientos y emociones.

Este concepto suele estar ligado también a una autoestima baja. Las personas dependientes suelen tener un locus de control externo, esto hace referencia a que la persona cree que su comportamiento (o en este caso la autoestima) está condicionado por causas como: la suerte, los otros, etc, lo que le sitúa en un rol pasivo e inmóvil. Por ello, necesitan que sea otra persona que les valide y les dé cierto reconocimiento..

El refuerzo intermitente juega un papel clave en la dependencia emocional ya que el individuo recibe estímulos que le generan bienestar de forma intermitente. Esto produce que experimente las emociones con mucha intensidad, como una montaña rusa. Este tipo de reforzamiento es el más efectivo para incrementar y mantener conductas deseadas a largo plazo, de ahí el enganche que sienten estas personas por la pareja.

Consecuencias a largo plazo

Se producen en la persona dependiente sentimientos de insatisfacción y síntomas ansioso-depresivos. El dependiente nunca llega a ser feliz y llega a sentir cierto desprecio por sí mismo ante el hecho de mantenerse en una relación en la que no es tratado como se merece.

Otra de las consecuencias más habituales es el distanciamiento que se produce con amigos y familiares. Éstos intentan hacerle ver a la persona que no se encuentra en una relación sana y positiva, por lo que el dependiente reacciona a la defensiva y pueden producirse situaciones de conflicto que provocarán una ruptura o cierto aislamiento.

En general, las consecuencias de la dependencia emocional se basan en la afectación y el deterioro de muchas áreas de la vida de la persona, tales como el ámbito laboral (puede dejar de lado sus responsabilidades por priorizar las necesidades de la pareja), social, familiar y personal.

¿Qué se puede hacer al respecto?

Es importante iniciar tratamiento psicológico para frenar esta problemática y que la persona recupere poco a poco su propia vida. Es necesario que la persona reconozca que tiene un problema y decida pedir ayuda, sin embargo, esto es complicado ya que se trata de una adicción y lo más habitual es encontrar excusas para justificar la situación en la que se encuentra y su comportamiento.

A nivel familiar, lo óptimo sería que el dependiente recibiera su apoyo sin fomentar en ningún momento el mantenimiento de la relación de desequilibrio. Es decir, no abandonar al dependiente pero tampoco reforzar ese estilo de relación.

En conclusión, la intervención del psicólogo en esta problemática es indispensable para la ruptura de las dinámicas destructivas en la pareja y para que el dependiente tome conciencia de lo que está ocurriendo y tome un papel activo en su proceso de cambio.

 

Sandra Salas. Psicóloga General Sanitaria y Especialista en Mediación Civil y Mercantil.

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Redes Sociales - Cenit Psicología Rivas

Autoestima y Redes Sociales

En la actualidad, es habitual compartir momentos que vivimos a través de las Redes Sociales, plataformas como Instagram, Facebook y Twitter son algunas de las opciones que utilizamos para esta finalidad. Publicamos fotos, vídeos, reflexiones esperando un “me gusta” a cambio. ¿Con qué objetivo?

Las redes han cambiado la forma en la que nos relacionamos a nivel social. A día de hoy, se tratan de un elemento clave para estar conectados e informados de la vida de los otros las 24 horas del día, incluso sin conocerles ni haberles visto en persona. El problema comienza en el momento en el que su uso empieza a afectarnos en nuestro
bienestar psicológico, comportamiento y autoestima.

Es curioso observar el tipo de fotografías que compartimos, siempre mostrando nuestra mejor cara, el lugar al que nos hemos ido de vacaciones o cualquier momento asociado a una emoción positiva, creamos la apariencia de vida perfecta y de tener una autoestima alta, cuando la realidad es muy diferente.

En ocasiones, hemos podido notar que nos sentimos bajos de ánimo cuando revisamos estas Redes ya que el hecho de ver multitud de imágenes de rostros perfectos, cuerpos perfectos, lugares increíbles y platos de comida que no hemos probado afecta de forma notable a nuestra autoestima. Aquí entra la comparación, resulta complicado no comparar nuestro aspecto físico, nuestra vestimenta y, en general, nuestra forma de vida con los de las modelos, actores y actrices e influencers que todos conocemos.

Todas estas imágenes nos proponen un estilo de vida y un estereotipo de belleza difícilmente alcanzable que nos marca cómo deberíamos ser y cómo deberíamos vivir. Esto nos genera sensación de malestar y un concepto negativo de nosotros mismos al ver que no encajamos en estos prototipos. Viendo las publicaciones podemos fijarnos metas poco realistas y tener expectativas que sólo van a producirnos frustración e insatisfacción, ya que no son fácilmente alcanzables y, por lo tanto, nuestra autoestima disminuye considerablemente.

Es importante en estos momentos tomar conciencia de que las formas de vida de los personajes públicos y de la gente de a pie no son comparables, ya que el nivel de ingresos y las profesiones llevadas a cabo son diferentes. Esto no implica que nuestro estilo de vida sea peor, simplemente son distintos.

La población adolescente es la más vulnerable en este sentido llegando a desarrollar cierta adicción a las redes. Habitualmente, su autoestima se configura en función del número de “me gusta” que reciben al compartir sus fotos. Este refuerzo positivo obtenido de los otros ocasiona un sentimiento de aceptación social y de éxito que tiene un impacto directo en su autoestima. Por este motivo, se produce malestar y su autovalía se pone en entredicho cuando no obtienen el número de “likes” esperado.

Como conclusión final, es importante mencionar que las redes sociales son una excelente herramienta de comunicación con los demás y esa es exactamente su función, por lo que debemos controlar y limitar su uso de forma que no lleguen a afectarnos en la idea que tenemos de nosotros mismos y en nuestro concepto de valía personal.

 

Sandra Salas. Psicóloga General Sanitaria y especialista en Mediación civil y mercantil.

Cuando perdemos el sentido

“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.” Viktor Frankl

 

¿Qué es el vacío existencial?

El experimentar que la propia vida tiene sentido es un pilar fundamental para el bienestar psicológico de las personas. Va ligado al cumplimiento de metas vitales, a una visión positiva de la vida, del futuro y de uno mismo.

Cuando no alcanzamos este estado, se pueden originar sentimientos de frustración y desesperanza ante la duda sobre el sentido de la vida. Esto es lo que denominamos  “vacío existencial”, que se manifiesta en sentimientos y expectativas sobre el futuro. Están caracterizados por la apatía, el cansancio, la falta de ilusión, la sensación de inutilidad y de pérdida de control de la vida, la soledad y la sensación de estar desconectado del mundo.

¿Cuáles pueden ser las causas?

La pérdida de un ser querido suele ser uno de los desencadenantes más habituales de la sensación de vacío. Esta pérdida puede haberse producido bien por fallecimiento o bien por ruptura o separación.

La sensación de vacío también puede originarse ante cambios repentinos que trastoquen la estructura vital de la persona: la pérdida del puesto de trabajo, la mudanza a otra ciudad o país o una enfermedad, son algunos ejemplos. La incertidumbre generada por este tipo de situaciones produce una sensación de pérdida de control que requiere de la reestructuración de los planes de vida del individuo.

¿Qué solemos hacer para llenarlo?

Nuestra reacción natural cuando experimentamos malestar o una emoción de estas características es esconderla, evitarla, hacer como que no está ahí y bloquearla. Sin embargo, esta estrategia sólo resulta efectiva a corto plazo ya que, al igual que cuando metemos la suciedad bajo la alfombra no estamos haciéndola desaparecer, la estamos ocultando, pero sigue ahí.

En algunas ocasiones, utilizamos otro tipo de estrategias que también calman de forma temporal el vacío y de las que obtenemos un beneficio inmediato. Entre ellas, destacamos: la comida, las compras, el alcohol, etc. Éstas tampoco resultan efectivas ya que no están solucionando el problema si no manteniéndolo. En ocasiones, incluso llegan a producir una situación de dependencia que dificulta aún más que dejemos de tener ese sentimiento de vacuidad.

¿Qué debemos hacer cuando lo experimentamos?

Como actuaciones que podemos llevar a cabo para entender y dar salida a ese vacío que sentimos se pueden reseñar las siguientes:

  • Plantearnos objetivos a corto y medio plazo que sean realistas y alcanzables. Esto hará más probable que la persona se sienta motivada, con mayor ilusión y ganas de seguir adelante.
  • Encontrar tiempo para realizar actividades o hobbies que disfrutemos, ya sea solos o en compañía de otros.
  • Reflexionar sobre cuáles son las circunstancias que pueden estar influyendo en que nos sintamos así.
  • Evitar compararnos con los otros y aceptar que las personas somos diferentes y que cada vida es única.
  • Expresar las emociones que estamos sintiendo, sacarlas al exterior a través de los recursos con los que más conectemos: escritura, música, pintura, hablar con un amigo/a cercano, etc.
  • Pedir ayuda a un psicólogo/a si lo consideramos necesario. 
El peligro de ignorar tu estado emocional.

Superar una crisis emocional

Uno de los mayores problemas del ser humano, es que tenemos una habilidad excepcional para seguir adelante pase lo que pase. Muchas veces mantenemos esta actitud frente a los problemas cotidianos durante décadas sin permitirnos canalizar nada. Es por ello que a veces se produce una crisis emocional.

Por lo general lo percibimos como algo negativo, y es normal. Suele ser la consecuencia de habernos sentido mal durante mucho tiempo. Mientras lo padecemos nos sentimos mal y cuando le sucede a un ser querido, vemos cómo exterioriza su sufrimiento. No obstante, en muchas ocasiones son inevitables. Hay que padecerlos para procesar todo lo acumulado. En este artículo te explicamos por qué ocurren, de qué formas pueden exteriorizarse y cual es la mejor manera de pasar por ellos.

Qué es un colapso emocional

Entendemos por crisis nerviosa o emocional una especie de explosión repentina causada por sentimientos reprimidos. Lamentablemente, expresar lo que sentimos sigue siendo algo poco aceptado en muchos contextos sociales. A veces incluso entre amigos. Pasamos nuestros días absorbiendo estrés, conflictos con jefes, compañeros, parejas…

Compartir todo lo que estos problemas nos hacen sentir no nos parece una opción. Pasamos por todo esto durante mucho tiempo, muchas veces reaccionando con poco más que un pequeño tic en el ojo. Hasta que un día, para nuestra sorpresa y la de todos a nuestro alrededor, nuestra mente se rompe.

 

De qué formas puede exteriorizarse

Podemos exteriorizar todo lo que sentimos de diferentes formas: Quizá de repente no podemos levantarnos de la cama, caemos en una depresión, desarrollamos una ansiedad social que nos consume, dejamos de comer o comemos compulsivamente, perdemos el control de una parte de nuestro cuerpo o llevamos a cabo actos que difieren enormemente de cómo creíamos ser. (Debemos tener en cuenta, no obstante, que aun siendo nuestras acciones causa de un colapso emocional, seguimos siendo absolutamente responsables de todo lo que hagamos).

Estas y muchas otras consecuencias pueden darse a causa de una crisis emocional. Metafóricamente, es como si una parte de nosotros mismos que no controlamos bien atravesara un palo entre los radios de la rueda que nos hace funcionar.

 

Qué tendemos a hacer ante una crisis emocional

Como es de esperar, un problema de este tipo resulta un gran inconveniente para todos. Nuestro principal deseo cuando nos ocurre algo así es que se pase. Cuanto antes. Volver a la normalidad, poder ir al trabajo, sentirnos bien. Vivimos en la época de la inmediatez, y lo que más rápido puede subsanar esta urgencia que sentimos por recuperarnos es la medicación.

No obstante, el abuso de esta solución, sobretodo cuando son posibles otras opciones más tolerantes con nuestra fisiología y nuestras emociones, puede acarrear otras consecuencias: cuando aplacamos las consecuencias de un colapso emocional con medicamentos, estamos interrumpiendo el proceso de curación que nuestra propia mente nos ha impuesto.

 

Qué deberíamos hacer ante una crisis emocional

Una crisis emocional no deja de ser el intento de una parte de nuestra mente por inducir a la otra parte a un proceso de autodesarrollo que hasta el momento no ha sido posible. Es, dicho de otra manera, un periodo de recuperación que nuestra mente fuerza a través de la imposición de un estado que a nosotros nos parece de enfermedad.

 

Intentar no medicalizar el problema

El peligro de recurrir a los medicamentos, tal y como comentábamos anteriormente, es que interrumpimos este proceso natural de recuperación mediante la química. Antes de optar por esta solución, debemos considerar otras opciones. Existen, y aunque puede que sean menos inmediatas, son más tolerantes con nuestra fisiología y nuestros sentimientos.

La causa del problema ha sido el no permitirnos sentir. Al usar medicinas, de nuevo nos estamos negando la nececesidad procesar nuestras emociones.

Habrá casos, no obstante, en los que quizá los medicamentos sean indispensables, pero debemos dejar que ese juicio corra a cargo de un profesional; un psicólogo, psiquiatra o terapeuta.

 

Recurrir a un psicólogo o psicóloga

Ante todo de este tipo colapsos debemos aprender. El motivo por el que han ocurrido es porque quizá no hemos reflexionado durante años. La introspección y el autoanálisis es algo que se puede aprender. La terapia y la psicología es una herramienta fundamental para aprender a ser introspectivo. De esta manera, aprovecharemos estos periodos para comprendernos y extraer algo de un periodo difícil.

Un psicólogo o psicóloga es un profesional capaz de ayudarnos a entendernos a nosotros mismos. Es un guía cuya ayuda nos enseñará a hallar la raíz de lo que ha causado nuestro caso. Y, lo más importante, nos dará las claves para aceptar y procesar nuestras emociones sin hacer uso de medicamentos (excepto en casos más extremos en los que sea indispensable).

En CENIT Psicología Rivas contamos con un equipo de psicólogos preparados para escuchar tu caso personal y escucharte. Casi nunca se acude a consulta antes de que estos colapsos ocurran. Empezar a ir antes de que tengan cabida es una buena forma de trabajar en prevenirlos.