Categoría: Ansiedad: aprende a olvidarte de ella en CÉNIT Psicología

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Ansiedad: ésto es lo que debes hacer para prevenirla

Hemos hablado en muchas ocasiones de la ansiedad. La forma de identificarla, la diferencia con el estrés, las posibilidades de la terapia… Si creemos que la estamos padeciendo, aquí podemos entender si necesitamos acudir a terapia para la ansiedad. Sin embargo, si no la padecemos, o al menos no en un grado preocupante, podemos seguir estos consejos para prevenirla. Leer más

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Controlable VS incontrolable. Las claves de la serenidad

La opresión en el pecho y el dolor de cabeza son las sensaciones más frecuentes de los momentos en que nos vemos invadidos por la preocupación, por la ansiedad.

Sin darnos cuenta, nos empezamos a cargar de obligaciones, de cosas pendientes, de cosas que empezamos y nos vemos el momento de terminarlas. Se nos suman, además, otros problemas que son ajenos a nuestra responsabilidad (se estropea la caldera, la batería del coche decide dejar de funcionar, etc.). Así, nos vamos tensando, poco a poco y al final tenemos la sensación de que estamos “a todo y a nada a la vez”, con la cabeza en mil sitios, siempre deprisa y corriendo de un lado a otro, con la lengua fuera todo el día y organizando nuestro tiempo al segundo para poder dar abasto a todo.

Si esto te pasa o te suele pasar, te pueden venir bien los siguientes consejos: Leer más

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Ansiedad, ¿fármacos o psicoterapia?

La ansiedad es, hoy en día, uno de los problemas psicológicos que afecta a la mayor parte de la población. Ya no solo la ansiedad en sí misma, sino también otros problemas psicológicos a los que ésta puede conducir: insomnio, fracaso escolar o laboral, depresión, consumo de alcohol y drogas, aumento del tabaquismo, bajas médicas, incremento de psicofármacos recetados, problemas de pareja y en las relaciones sexuales, problemas de estómago, de espalda, cefaleas, migrañas, etc. Por este motivo, el tratamiento de la ansiedad debería ser abordado con fuerza y técnicas efectivas. Pero, ¿cuál es el mejor tratamiento o terapia para la ansiedad?

Los estados ansiosos se caracterizan por a) una sensación de amenaza, b) pensamientos anticipatorios catastróficos, emoción de miedo, sensación de inseguridad (componentes psicológicos) y c) alteraciones en los sistemas de neurotransmisión cerebral de Serotonina y Noradrenalina (componente biológico). Por este motivo, existe una eterna disputa entre profesionales (médicos psiquiatras y psicólogos) respecto de quién y cómo debe tratar esta patología.

A pesar de existir algunas generalidades comunes a todos los casos, cada persona es diferente, la gravedad de su ansiedad es diferente, afecta de manera diferente a su vida diaria y cada uno cuenta con recursos diferentes para afrontarlo. Por ello, decir qué tratamiento es el mejor es hablar en vacío, ya que un tratamiento es efectivo si cumple su objetivo sobre el caso en el que se aplica. ¿Cuántas personas no han tomado ansiolíticos y han empeorado? ¿Cuántas personas, yendo a terapia psicológica, no han sentido que perdían el tiempo?

El punto de partida de cada profesional es, también, diferente. Los médicos psiquiatras proponen una visión más biologicista, mientras que desde la Psicología se defiende el desarrollo de habilidades personales para superar un problema. Ambas posturas están fundamentadas científicamente y ambas profesiones cuentan con técnicas efectivas y contrastadas empíricamente, pero ninguna de ellas es infalible. El tratamiento con psicofármacos cuenta a su favor que es de efectos más rápidos (aunque no inmediatos) y que el paciente no debe esforzarse, ya que los efectos de la medicación actúan por sí solos. Sin embargo, es altamente conocido el problema de la dependencia de los psicofármacos, ya que por sus efectos positivos son potencialmente adictivos, y sus posibles efectos secundarios. Además, solucionan el problema presente pero no dan la capacidad de enfrentarse en el futuro. Por su parte, el tratamiento psicológico permite desarrollar tales habilidades de afrontamiento que enseñen a la persona a solucionarlo de manera independiente, tanto en el momento presente como en el futuro. Permite comprender la patología, cómo funciona, cómo afrontarla y cómo detectarla cuando está creciendo y evitar, por ejemplo, los ataques de pánico. Sin embargo, los efectos tardan más en llegar, requiere de la participación activa de la persona y su trabajo fuera de la consulta del psicólogo, esforzándose para que lo entrenado sea efectivo en su vida real.

 

A. Amores

Colaborador de CENIT Psicología

Cómo saber si necesito ayuda psicológica

Los líos de nuestra cabeza

Cuando nos sentimos confusos o no sabemos muy bien qué decidir. Cuando discutimos con alguien y pensamos que, en realidad, ha sido un tontería pero nos encontramos en la encrucijada de que si somos nosotros quienes conciliamos, nuestro sentimiento de orgullo se daña. Cuando algo nos molesta y nos pasamos horas y horas en casa, dándole vueltas, cabreándonos más y más en función de lo que nosotros mismos imaginamos que nos puede decir el otro. En esos casos, ¿qué hacemos?

Podemos plantear tres posibilidades. Leer más

Trastornos del sueño

Las pesadillas y terrores nocturnos son dos tipos de parasomnias que afectan al adecuado ciclo del sueño y pueden llegar a ser muy trastornantes cuando se vuelven crónicos.

A pesar de ser frecuentes durante la infancia, es habitual también en la edad adulta. Todos nosotros podemos padecer pesadillas o terrores nocturnos de manera puntual. Normalmente, coinciden con momentos complicados, de mucha ansiedad y agitación.

Aunque a primera vista ambos tipos parezcan similares, lo cierto es que son diferentes en tipo, causa y consecuencias.

Las pesadillas son despertares repetidos durante los períodos de sueño, provocados por sueños terroríficos y prolongados. Cuando hemos tenido una pesadilla y nos despertamos, recuperamos la noción del tiempo y el espacio, somos capaces de orientarnos. Recordamos la pesadilla que hemos tenido y sabemos que ha sido precisamente eso, un sueño. Leer más

Las claves de las personas obsesivas compulsivas

Me gusta que las figuras del mueble de la TV estén siempre en la misma posición

Sé que llevo el móvil en el bolso, pero tengo que mirarlo antes de salir de casa, en el ascensor y antes de montar en el coche

Vuelvo al parking a asegurarme de que el coche está cerrado, aunque esté lejos y lo haya comprobado al bajar

Me lavo las manos 32 veces al día

Necesito contar cada cosa cuando hay más de tres iguales juntas

Hago cuentas mentales cada vez que abro un libro

  

Los Trastornos Obsesivos Compulsivos se caracterizan, como su nombre indica, por combinar obsesiones y compulsiones.

Por un lado, las obsesiones se definen como pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes e intrusivas que generan ansiedad. Estos pensamientos o ideas no son simples preocupaciones excesivas sobre problemas existentes en la vida real y, aunque la persona intenta ignorarlos o distraerse con otros pensamientos, lo cierto es que no los puede evitar, aun sabiendo que son fruto de su mente (en el siguiente enlace puedes leer diversos tipos de obsesiones)

Por otro lado, las compulsiones son los comportamientos o actos mentales repetitivos que las personas realizan en respuesta a la obsesión y para aliviar la ansiedad (rezar, contar palabras en silencio, hacer cuentas mentales, abrir y cerrar una cremallera varias veces, lavarse las manos…).

Estas obsesiones y compulsiones provocan un gran malestar en la persona y conllevan una gran pérdida de tiempo, llegando a suponer más de 1 al día. Por este motivo, interfieren marcadamente con la rutina de la persona y afectan a su ámbito social, amigos, relaciones de pareja, trabajo, etc.

Cada caso es diferente y la casuística es muy variada: personas con una única obsesión y compulsión (girar 7 veces la llave para asegurarse de que ha cerrado la puerta); casos de varias obsesiones independientes; personas con muchas obsesiones pero del mismo tema (p. ej., el peso corporal, la imagen y la salud física en pacientes de anorexia o bulimia), etc.

 

A.Amores

Colaborador de CENIT Psicología

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Estoy teniendo un ataque de ansiedad

Un ataque de ansiedad consiste en la aparición súbita de un miedo y malestar intensos que alcanza su máxima expresión en apenas unos minutos desde que la persona empieza a sentirse mal.

En esos minutos, aparecen síntomas como sudoración, palpitaciones, aceleración del pulso, temblores, sacudidas, dificultades para respirar, hiperventilación, etc. Muchas veces, estos mismos síntomas son los indicadores de que el ataque de pánico está empezando; poco a poco, van intensificándose hasta que se descontrolan y la persona estalla. Tras esto, el cuerpo se queda agotado y pueden tenerse sensaciones de despersonalización o desrealización (sentirnos ajenos a lo que nos rodea), mareos e incluso desmayos. Leer más

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Enfermedad: cuando te obsesionas con no padecerlas

La ansiedad por enfermedad se caracteriza por preocupación por padecer o contraer una enfermedad grave. Le suele ocurrir a personas mayores, pero también puede presentarse en personas de todas las edades. Se manifiesta en comportamientos excesivos y repetitivos designados a cuidar del bienestar físico.

En el sujeto que lo padece, no existen síntomas somáticos o, si están presentes, son únicamente leves. En caso de existir otra afección médica o un riesgo elevado de presentarla (p. ej., antecedentes familiares importantes), la preocupación es claramente excesiva y desproporcionada.

En general, el individuo muestra un grado elevado de ansiedad acerca de la salud y se alarma con facilidad por cualquier signo de afección médica. Leer más