Categoría: Autoayuda: aprende a detectar cuándo necesitas ayuda

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Sobreprotección en la infancia-dependencia en la vida adulta

Durante nuestra infancia y hasta el momento de la adolescencia, nos hacemos una idea de cómo es el mundo y cómo son los demás a través del comportamiento que vemos en las primeras personas que nos enseñan a vivir en sociedad. Nuestros padres, o cuidadores, son los primeros modelos que nosotros vemos y de los cuales aprendemos qué está bien, qué no está bien, qué es peligroso y qué no; sentamos las bases de nuestra posterior personalidad y desarrollamos el auto-concepto y la propia autoestima. Estos componentes, fruto de la socialización primaria, serán nuestro soporte de cara a enfrentarnos a la vida fuera de casa, siendo jóvenes y adultos independientes. Pero, ¿y si durante nuestros primeros quince años no hemos podido desarrollar estas habilidades?

La educación informal, aquella que recibimos no de instituciones, sino de nuestros padres, de nuestra familia, nos debe preparar para esa independencia en la vida adulta. Para ello, un niño debe explorar, debe curiosear, debe comportarse y ser corregido (si es un comportamiento equivocado) o reforzado (si es un comportamiento positivo). Una educación sana debe equilibrar libertad y límites, protección y autonomía: libertad para que el niño desarrolle su aprendizaje; límites, para que no incurra en peligros que aún desconoce. Así será como podrá aprender qué está bien y qué está mal; qué es bueno, y qué nos puede hacer daño. Así será cómo el niño aprenderá a interiorizar normas sociales, a respetar la ética, desarrollar conciencia moral y llegar a ser, algún día, un adulto adaptado a su entorno. Respecto a los límites, debemos comentar que son necesarios, no solo por lo anteriormente dicho, sino porque un niño aún no tiene conciencia de peligro. Debemos saber reducir estos límites gradualmente, conforme el niño (o adolescente, más adelante) vaya siendo autónomo.

Cuando evitamos que nuestros hijos vayan asumiendo responsabilidades (desde hacer su cama o colocar su plato, cuando son más pequeños, hasta cuidar de un animal o saber gestionar su dinero cuando son adolescentes), lo que estamos haciendo es privarles de la oportunidad de desarrollar habilidades de resolución de problemas, de ser proactivos y previsores. Cuando dan el paso a la primera adolescencia, deben comprender que los padres son fuente de apoyo y ayuda, pero que los problemas deben intentar solucionarlos con sus medios. Si vemos que no lo consiguen, ahí estaremos para enseñarles cómo hacerlo. La sobreprotección infantil tendrá como consecuencia el desarrollo de un adulto (entendido a partir de la mayoría de edad), cuyo pensamiento está gobernado por la idea de que mamá y papá son quienes solucionan los problemas y no tendrán el bagaje suficiente para enfrentarse a nuevos retos con seguridad y firmeza, sabiendo tolerar la posibilidad de fracasar en el intento. Es ahí cuando llegan los problemas de ansiedad, depresión, frustración y sensación de estancamiento vital, típicos en estos jóvenes. El hecho de no habernos enfrentado a los problemas durante nuestra vida, nos impide desarrollar las habilidades para solucionar por nuestra cuenta aquellos que vengan en el futuro.

No les demos el pez; démosles una caña y enseñémosles a pescar

A. Amores

Colaborador de CENIT Psicología

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Eres más fuerte de lo que crees

Hay quien tras divorciarse, entra en una depresión.

–     Sí, es verdad. Pero también hay quien tras divorciarse, rehace su vida y es mucho más feliz.

 

Algunas personas, cuando el médico les da la mala noticia de tener cáncer, tiran la toalla.

–   Sí, es verdad. Pero también hay pacientes que deciden luchar por superarlo. Y lo superan.

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Realmente… ¿eres introvertido o extravertido?

La extraversión y la introversión son los dos extremos de uno de los factores que conforman la personalidad de cada uno. Podríamos decir que son los dos polos de un gradiente en cuanto al mayor o menor gusto por la estimulación social o el darse a conocer a los demás.

El extravertido típico sería aquella persona que solemos definir como muy sociable, le gustan las reuniones multitudinarias, los cambios, busca estar rodeado de gente, se divierte en grupo, está todo el día moviéndose y suelen ser más impulsivos.

El introvertido típico es un individuo más tranquilo, le gusta reflexionar, disfruta con amigos íntimos, relaciones más profundas. Suelen ser más ordenados y previsores. Leer más

Cómo decir NO y no morir en el intento

En ocasiones, nos vemos ante la tesitura de tener que decir NO a una propuesta o una petición a manos de alguien apreciado para nosotros (nuestra pareja, amigos, padres). En ese momento, aparece la posibilidad de que la persona se enfade u ofenda. Sin embargo, es posible que realmente no podamos hacerle el favor. Otras veces, sentimos que si cedemos, nuestro sentimiento de la propia valía disminuye, pues creemos que se están aprovechando de nosotros.

¿Cómo hacemos para poder decir NO? ¿Y para saber mantenerlo bajo presión? Leer más