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Cambiando el pesimismo por el optimismo inteligente

La motivación por superarnos a nosotros mismos es uno de los motores que nos hacen avanzar, que nos hacen ser cada vez mejores y más competentes. Sin embargo, en ocasiones nuestra motivación se ve afectada, disminuida, tras pasar por alguna racha en la que, azares de la vida, nos han venido seguidamente, múltiples malas noticias, intentos que salen mal o proyectos que no pueden terminarse.

Posiblemente, ahí empezamos a ver todo lo que nos rodea de un modo mucho más negativo, más pesimista. El pesimismo es esa actitud psicológica, esa forma de pensamiento, que evalúa, valora y juzga todo lo que acontece alrededor de la persona como negativo, inútil o insuficiente. Normalmente, este pesimismo se suele aplicar a las creencias que tenemos de nosotros mismos y no de los demás. De hecho, nuestra auto-percepción negativa suele enraizarse más a costa de que en los demás sí vemos cualidades positivas, logros, características que admiramos o un estilo de vida que envidiamos. Por un proceso básico de comparación social, cotejamos lo que percibimos (o creemos que percibimos) en los demás con lo que consideramos que tenemos nosotros. El resultado es catastrófico: en esos momentos en los que todo lo vemos gris, estamos condenados a sentirnos inferiores. Este razonamiento, el de compararnos con los demás y ver que somos peores (o no tan buenos y felices como ellos), está contaminado por una gran cantidad de sesgos y especulaciones subjetivas que nosotros introducimos, fruto de nuestro estado emocional, y que asumimos como totalmente ciertas.

Desde la Psicología, podríamos reformular el popular dicho “Hablas de cosas positivas, atrae cosas positivas” de la siguiente manera: “hablar de soluciones aporta soluciones”. El principal componente de las técnicas efectivas de solución de problemas se basa en realizar un listado, lo más largo posible, de las múltiples soluciones que podemos poner en marcha ante un error. En este momento no importa valorar si serán efectivas o no; simplemente debemos proponer todas las que se nos ocurran, por locas que sean (esto es lo que en creatividad denominaríamos lluvia de ideas). Y es que la única forma de encontrar la solución mejor es pensar en todas las posibles; entre ellas, estará la más acertada.

El optimismo inteligente, dentro de la vertiente de la psicología positiva, propone que ante un error, un fracaso o un problema cualquiera, pensemos en qué cosas de ese problema quedan bajo nuestro control. Sólo de aquello que podemos controlar es de lo que nos podemos hacer responsables y, por tanto, lo que está en nuestra mano solucionar. De esta forma, los extremos de todo-nada, siempre-nunca, blanco-negro, tan frecuentes en las personas pesimistas, se cambian por una disposición a ponerse manos a la obra, hasta dar con la solución que, realmente, de salida a nuestro problema.

Sólo pensando en cómo solucionar las cosas e intentando esas soluciones, será como descubramos la verdadera solución.

 

A. Amores

Colaborador de CENIT Psicología

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