Categoría: Adolescentes

La intervención con adolescentes

La intervención con adolescentes

Todos sabemos que la adolescencia es una etapa en la vida que suele ser convulsa debido a los cambios psicológicos y físicos que se suceden constantemente. Es una época en la que los niños y las niñas entran poco a poco en un mundo adulto, observando los conflictos que estos le pueden reportar, y desligándose poco a poco de la época tranquila de la infancia.
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Educadores en colegios

¿En los colegios hay educadores?

Cuando los alumnos no son como en los libros.

Aún sin saber muy bien por qué, la mayoría de nosotros ante un problema nos hacemos, automáticamente, la siguiente pregunta: “¿De quién es la culpa?”. Parece que tener a quien culpar nos alivia, nos da una excusa para mirar para otro lado y seguir con lo nuestro. Pero interioricemos esto: ante un problema, lo que hay que hacer es buscar su solución.
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Factores de protección contra conductas problemáticas

Factores de protección contra conductas problemáticas

Una de las problemáticas que más preocupa a los padres y madres de hoy en día, es el momento en que su hijo entra en la adolescencia, esa etapa evolutiva que, por sus propias características naturales, resulta tan complicada para el propio adolescente como para sus padres. De manera retrospectiva, solemos ver muy evidente que un adolescente que, p. ej., abusa de las drogas, efectivamente lo haga. Muchos oiremos decir: “Menudo pieza está hecho. Se veía venir. Es carne de cañón”. Lo mismo ocurre con adolescentes que incurren en embarazos no deseados, fracaso o abandono escolar, relaciones sociales tóxicas o violentas, y todos los posibles problemas que a los padres se nos pasan por la cabeza cuando nuestro chaval empieza a salir solo por ahí. Más adelante veremos los Factores de protección. Leer más

psicología adolescentes

Acudir a psicología adolescentes

La adolescencia es una etapa en la que tanto hombres como mujeres experimentan cambios. Estos pueden ser físicos, psicológicos, emocionales y sociales. Comienzan en la pubertad, cuando el individuo deja de ser un niño y se convierte en un adulto. Psicología adolescentes les va a ayudar ya que se trata de un período difícil en sus vidas. Leer más

La eterna repetición del ciclo de Bullying

Continuamente oímos hablar de la necesidad de detectar con tiempo las situaciones de acoso en la escuela. Sin embargo, parece que esperamos a que se instaure dicha situación de violencia entre iguales para entender la lógica de este tipo de acoso. Entonces es cuando sabemos identificar al agresor, a la víctima, los motivos, desde cuándo, etc.

Pero, si desde hace años, el tipo de víctima, el tipo de agresor y los entornos de riesgo son los mismos, ¿cómo es posible que no tengamos la bombilla encendida para ver venir estos problemas con antelación?

En las escuelas impera una educación basada en el adoctrinamiento del alumno, que debe obedecer, callar y repetir lo que dice el maestro sin cuestionar, sin innovar y sin interferir con el programa. Los profesores dan sus clases y abandonan el aula casi sin recordar las caras de sus alumnos. Parecen estar ciegos a dinámicas que ocurren dentro de la clase, las cuales, si les prestamos un mínimo de atención, gritan que el bullying puede ocurrir o está ocurriendo, en el peor de los casos. Leer más

Ningún niño es culpable

A menudo y lamentablemente, los medios de comunicación nos hacen llegar noticias relativas a los malos tratos infantiles, incluidos los abusos sexuales a menores.

Al igual que ocurre en los casos de violencia de género, el maltratador suele justificar su comportamiento alegando que la víctima le provocó y que fue el niño o niña quien inició la conducta sexual.

Los estudios de prevalencia y epidemiología en España muestran tasas de victimización sexual a menores lo suficientemente elevadas como para considerarlo un problema de alcance social, con repercusiones legales, políticas, médicas y educativas.

En muchas ocasiones, la forma en que estos abusos sexuales se manifiestan, es a través de caricias por encima o debajo de la cintura, incitaciones a conductas sexuales y exhibicionismo (Pereda, 2016). Más aún, la problemática del exhibicionismo se ve impulsada por las nuevas tecnologías, a través de las cuales los menores pueden ser expuestos a contenidos pornográficos sin nosotros sospecharlo. Leer más

¿Existe la abstinencia al cannabis?

El cannabis (perteneciente al grupo de los cannabinoides), es una sustancia psicoactiva de composición lipídica. Tras ser consumida, queda almacenada en nuestro tejido adiposo o, dicho de manera coloquial, en nuestras reservas corporales de grasa, y se va liberando al organismo de manera paulatina.

Esta característica del cannabis hace que su cuadro de abstinencia no sea tan inmediato ni tan fuerte como pueda serlo, por ejemplo, el que asociamos a la cocaína.

¿Por qué?

Al cesar el consumo de cannabis tras un largo período de tiempo consumiéndolo, nuestro organismo sigue liberando el THC almacenado en el tejido adiposo.

Esto hace que el la abstinencia al cannabis no sea inmediata tras abandonar el consumo, sino entre 4 días después y una semana, cuando nuestro cuerpo ya ha liberado todo el THC que poseía, pues es ahí cuando realmente nos quedamos sin la sustancia y notamos su ausencia.

Al ser de manera gradual su eliminación, los síntomas pueden variar en función de cada persona. Normalmente suelen manifestarse como el efecto contrario al que se obtiene cuando se consumía.

Por esta manifestación subjetiva de los síntomas y la demora de aparición después de abandonar el consumo, es frecuente oír que no existe tal síndrome de abstinencia. En consecuencia, cuando los primeros síntomas aparecen, las personas recaen en el consumo.

En términos generales, los síntomas esperables de la abstinencia del cannabis son:

  1. Irritabilidad, rabia o agresividad.
  2. Nerviosismo o ansiedad.
  3. Dificultades para dormir, insomnio o pesadillas.
  4. Pérdida de apetito o de peso.
  5. Intranquilidad.
  6. Estado de ánimo deprimido.
  7. Síntomas físicos que llegan a provocar un nivel considerable de incomodidad: dolor abdominal, sudores, temblores, fiebre, escalofríos o cefalea.

 

Tales síntomas generan un malestar significativo para la persona que los padece y pueden deteriorar su funcionamiento en las áreas social, laboral, familiar u otras importantes.

Por último, estas manifestaciones no pueden explicarse por una enfermedad médica o por estar abstinente de otra sustancia.

 

A. Amores

Colaborador de CENIT Psicología

Población joven en riesgo de consumir drogas

¿Sabemos manejar el estrés? ¿Somos capaces de soportar, de manera cotidiana, niveles moderados de presión ambiental? ¿A qué recurrimos cuando queremos liberar presión?

En la práctica, las personas con problemas de adicciones parecen tener serias dificultades a la hora de planificar su comportamiento, motivarse para otros comportamientos que no sean el consumo de drogas, tolerar la frustración, regular la intensidad de sus emociones, etc. Sin embargo, realmente no sabemos si dichas dificultades son consecuencia de consumir droga o ya estaban antes y por ello acabaron realizando comportamientos de consumo.

En la población general, no adicta a sustancias, todas estas capacidades se pueden ver alteradas en diversos momentos. Por ejemplo, en períodos de exámenes, en mudanzas, en embarazos estresantes, sospechas de despido en el trabajo y demás, parece que somos más propensos a cometer errores de planificación, tener pequeños olvidos, prestar poca atención, estar más susceptibles, tener cambios emocionales o discutir más. Además, es frecuente que, en estos momentos, recurramos a fumar un cigarrillo o tomar una copa con los amigos para distraernos.

Ahora podemos proponer un giro del planteamiento inicial: ¿por qué no usamos “cuán bien somos capaces” de manejar el estrés, tolerar la frustración, motivarnos, etc., como predictores del riesgo que tenemos de consumir drogas en el futuro?

Una persona que planifica sus objetivos, dosifica sus metas, sabe solucionar sus problemas, etc., tiene menos riesgo, en principio, de recurrir a las drogas que una persona emocionalmente lábil, impulsiva o desmotivada.

Sería interesante aplicar esta idea al ámbito educativo, ya que es en la adolescencia donde más casos de inicio de consumo de drogas hay (principalmente alcohol, tabaco y cannabis). De esta manera, podrían detectarse adolescentes en riesgo de consumir drogas por tener un estilo cognitivo más impulsivo, menos planificado, por no saber demorar la gratificación, preferir recompensas inmediatas… (completamos información en este interesante artículo)

Parece que tenemos tan arraigada la idea de que las drogas afectan al funcionamiento del cerebro que nos cuesta recorrer el otro camino, el de sospechar que un funcionamiento cerebral no óptimo sea el que haga a una persona más vulnerable o propensa a consumir alguna sustancia.

A. Amores

Colaborador de CENIT Psicología

¿Por qué consumen cánnabis los adolescentes?

Entre los múltiples factores que explican el consumo de sustancias, el sistema de creencias que las personas tienen sobre cada droga hace más fácil, o más difícil, que se consuma una u otra: cuán perjudicial es, cuán fácil es conseguirla, cuán frecuente es que la gente de nuestro entorno la consuma, etc.

La epidemiología del consumo de drogas entre población adolescente describe un patrón de consumo donde la sustancia más consumida es el alcohol, seguido del tabaco y el cánnabis (Más información en el siguiente enlace: PNSD, 2016).

Las dos primeras sustancias, alcohol y tabaco, son drogas legales, cuyo consumo es aceptado y se considera algo “normal”; cultural, incluso. Pero, ¿por qué se consume más cánnabis que cualquier otra droga ilegal?

El riesgo percibido de consumir cánnabis es mucho más bajo que el de consumir otras drogas. Por este motivo, nos parece más peligroso probar la cocaína o la heroína, que dar una calada a un porro (PNSD, 2016). Además, es más accesible el cánnabis (más fácil de conseguir que la heroína, por ejemplo).

En la última década, se ha creado una especie de escuela en defensa del “uso terapéutico del cánnabis”. Esto ha hecho que, en el imaginario colectivo, la marihuana se considere una sustancia beneficiosa, con efectos positivos tras su consumo. Tal idea sin matices, retroalimenta la consideración anticuada del cánnabis como una droga blanda, minimizando sus efectos negativos y disminuyendo, más aún, el riesgo asociado a consumirla (Vega, 2006).

Numerosos estudios han demostrado científicamente, que el THC (TetraHidroCannabinol, principio activo del cánnabis), tiene efectos positivos en casos de glaucoma ocular, propiedades antieméticas en pacientes oncológicos que reciben quimioterapia, efectos analgésicos en casos de fibromialgia, migrañas, etc. En estos casos, un fármaco con THC tendrá efectos terapéuticos porque aliviará una dolencia. Además, será mayor el alivio conseguido que el daño ocasionado por consumir “cánnabis”. Por el contrario, si la persona que consume cánnabis no tiene nada a lo que hacerle terapia, el cánnabis no estará siendo usado de manera terapéutica.

Debemos resaltar que otras muchas drogas pueden tener efectos terapéuticos, introducidas en un organismo vivo. Por ejemplo, la morfina es muy usada en dolores crónicos, metástasis, etc., y no por ello consumimos morfina considerando que nos estamos haciendo terapia.

A. Amores

Colaborador de CENIT Psicología

 

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Referencias:

Plan Nacional Sobre Drogas (2016). Encuesta sobre el uso de drogas en enseñanzas secundarias en España. Madrid: Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. http://www.pnsd.msssi.gob.es/profesionales/sistemasInformacion/sistemaInformacion/pdf/2016_ESTUDES_2014-2015.pdf

 

Vega, A. (2006). El debate sobre el cannabis: ¿prohibir o normalizar?. LiberAddictus, 92, 14-19. http://www.liberaddictus.org/art_detalles.php?articulo=840

maltrato-infantil-terapia-psicologica-rivas

Una forma de maltratar a los hijos que pasa desapercibida…

El Síndrome de Alienación Parental (SAP) hace referencia a la situación en que un progenitor manipula a su hijo con el objetivo de generar rechazo hacia la figura del otro progenitor. Suele verse en situaciones muy conflictivas de separación y divorcio.

La mayoría de las veces, esta manipulación es ejercida sobre el niño de manera inconsciente, sin caer en la cuenta de que está generando sufrimiento, ansiedad y tensión psicológica en su hijo.

El progenitor que aliena suele sentirse fuertemente traicionado durante el divorcio y emplea al hijo o hijos como figuras de gratificación. Suele tener mucho miedo al abandono y algunos rasgos de personalidad narcisista. No es consciente de que está generando perjuicio y rechazo en su hijo hacia la otra figura parental. Leer más