Categoría: Terapia

Violencia de género - Cenit Psicologia

Violencia de género

¿Qué es?

La violencia de género es un tema actual en la sociedad en la que vivimos. La Ley la define como “toda violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quiénes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia” (LO 1/2004).

¿Cómo identificarla?

Dentro de las manifestaciones de la violencia de género podemos destacar las siguientes:

 – Violencia física: se trata de un tipo de violencia muy visible, que se puede percibir de forma objetiva ya que deja marcas. Por este motivo, es la más fácilmente identificable y la que, debido a la reacción evidente del entorno,
puede ayudar a la víctima a tomar conciencia. Como ejemplos podemos hablar de: patadas, puñetazos, hematomas… bien empleando las manos, objetos o armas.

– Violencia psicológica: este tipo de violencia es más sutil y no se identifica con tanta claridad ya que muchas veces se produce en la intimidad. Palabras de desprecio, humillaciones y manipulación son sus elementos más característicos. Se emplean estrategias como la indiferencia, el silencio y cualquier elemento de control sobre la víctima.

– Violencia económica: ésta afecta, mayoritariamente, a los casos en los que la mujer depende económicamente de su pareja y se ejerce un control exhaustivo del uso que la mujer hace de del dinero. Actuaciones características de este tipo de violencias son: prohibirle el acceso a la economía, obligarla a entregarle todos sus ingresos, controlar los gastos que ésta hace de la tarjeta de crédito, pedirle que le enseñe los tickets de todas las compras que hace, etc.

– Violencia social: en estos casos el agresor limita cualquier contacto social que pueda tener su pareja ya sea con amigos, familiares, compañeros de trabajo impidiéndole ampliar su red de apoyo y provocando un distanciamiento y
posible ruptura de las relaciones sociales que la mujer tenía previamente.

– Violencia sexual: La Organización Mundial de la Salud (OMS) define este constructo como “cualquier acto dirigido contra la sexualidad de una persona y comprende situaciones como tocamientos, roces, agresiones, acoso sexual callejero, exhibicionismo o violaciones”. Se trata de un elemento extendido e invisible, ya que no se identifica con facilidad.

¿Por qué se mantiene el vínculo agresor-víctima?

El proceso de victimización no se produce de un día para otro, sino que empieza de forma muy sutil y escalonada provocando que la víctima no siempre sea consciente de la gravedad de la situación en la que se encuentra. Existen fases en este proceso que tienen una duración variable y se manifiestan de diferentes formas. Estas 4 fases se
denominan en su conjunto “ciclo de la violencia”, las cuales se van sucediendo unas a otras repitiéndose este proceso infinitas veces y dificultando la posibilidad de frenarlo.
Es la psicóloga americana Leonore Walke en el año 1979 quien plantea la división del clico en estas fases:

– Fase I: Fase de Calma. Esta fase destaca por ser un período de tranquilidad en la relación, no se detectan
grandes conflictos y existe la vivencia idílica de la pareja.

– Fase II: De acumulación de tensión. Se caracteriza por episodios que llevan a roces entre los miembros de la pareja, lo que hace que los sentimientos de hostilidad entre ellos aumenten poco a poco. Aquí da comienzo el maltrato psicológico orientado a ejercer conductas de control sobre la víctima con el objetivo de desestabilizarla. Es en este momento cuando existe la tendencia en la mujer de minimizar o negar la situación, de justificar la conducta violenta de su pareja y centrarse en las cualidades positiva que éste tiene.

– Fase III: De explosión. Se trata de la fase más corta e intensa de todas. Las consecuencias sobre la víctima en este momento son muy fuertes, tanto a nivel físico como psicológico. Entran en juego aquí las expectativas de cambio que la víctima tiene hacia su pareja y aparece también la culpa hacia sí misma.

– Fase IV: Luna de Miel. Esta fase tiene un poder importante en el ciclo de la violencia ya que es la responsable de que la víctima se mantenga en la situación. El agresor intenta compensar el daño ocasionado en la fase anterior e intenta demostrar a la víctima que va cambiar y que lo que pasó no volverá a repetirse. La mujer se aferra a esa expectativa de cambio y al arrepentimiento que él muestra, de ahí que no se produzca la ruptura.

Encontramos muestras de cariño constantes, atenciones, regalos e incluso el contacto con familiares y amigos de la víctima para intentar influir en el perdón de la misma. También es habitual que el agresor exponga que necesita ayuda de un profesional y le transmita a su pareja que no puede dejarle solo por ese motivo (esta es otra de las razones por las que, en muchos casos, deciden retomar la relación o incluso retiran alguna denuncia interpuesta).

La indefensión aprendida:

La teoría de la indefensión aprendida fue formulada por Seligman en 1975 y la define como el estado psicológico que se produce frecuentemente cuando los acontecimientos son incontrolables, cuando no podemos hacer nada para cambiarlos. Leonore Walker, mencionada previamente, teniendo en cuenta lo estudiado por Seligman y enfocándolo en la violencia de género planteó que el maltrato prolongado en el tiempo disminuye la motivación de la mujer a responder e intentar cambiar la situación. Se produce un debilitamiento en las habilidades de afrontamiento y se observa en la víctima un rol pasivo, llegando a considerar que no hay una salida, que nada va a cambiar. Unido a esto concurren sentimientos de incompetencia, frustración y estado depresivo que contribuyen al mantenimiento del problema.

 

Sandra Salas. Psicóloga General Sanitaria y Especialista en Mediación Civil y
Mercantil.

Dependencia emocional pareja - Cenit Psicologia Rivas Vaciamadrid

¿Por qué no puedo dejarle?

“El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad”Arthur Shopenhauer

¿Qué es la dependencia emocional?

El  sentirnos  queridos, deseados y  preocupados por otro ser provoca en  nuestro cerebro la misma sensación de placer que las drogas sintéticas. La gratificación  que obtiene el drogadicto del consumo de sustancias se reproduce biológicamente igual que el placer de sentirnos conectados con las personas amadas.

En ocasiones, este deseo de conexión se  convierte en una sensación destructiva llegando a transformar una  acción racional y positiva en una fuente de sentimientos negativos y patología.

Jorge Castelló (2010)  define este constructo como “un patrón  persistente de necesidades emocionales insatisfechas que se intentan cubrir desadaptativamente con otras personas”. Este autor, especializado en dependencia emocional y trastornos de personalidad, considera que se trata de un problema que produce que la persona “priorice el mundo de la pareja sobre cualquier otro, hasta el punto de anularse en exceso por las relaciones de pareja o vivirlas con una intensidad emocional normalmente negativa y desbordante”.

¿Cómo se manifiesta?

La dependencia emocional puede manifestarse de diversas maneras:

  • Suele haber una idealización de la figura de la pareja, generando unas expectativas no realistas de ella.
  • La persona dependiente tiene pánico a una posible ruptura por lo que invierte muchos esfuerzos en evitar que se produzca.
  • Esta persona, como hemos mencionado previamente, suele poner en primer lugar a su pareja, por delante de su grupo de amigos o familia, lo que, en ocasiones, puede producir un distanciamiento con estos.
  • Puede existir una falta de equilibrio en la relación. Un ejemplo de esto sería un miembro de la pareja que deja que siempre sea el otro el que toma las decisiones (cede mucho). En estos casos no solo sufre el dependiente emocional sino también su pareja. Ésta puede sentir presión y agobio ante el hecho, por ejemplo, de tener que estar localizable y disponible, del chantaje emocional…
  • Hay otras formas menos comunes de personas con dependencia emocional en las que pueden adquirir un rol dominante en lugar de sumiso. En estos casos, suelen ser habituales los celos, la violencia psicológica y, en general, conductas de control a la pareja, a la que trata como una “posesión”.
  • Suele apreciarse en estas personas una baja autoestima, cambios bruscos de estado de ánimo, miedo al cambio, incapacidad para poner límites en ciertas relaciones y dificultades para decir no.

¿Cuáles pueden ser las causas?

La mayoría  de los estudios  asocian esta problemática a un estilo de crianza parental autoritario en el que no se le otorga al niño la  capacidad de desarrollar comportamientos independientes y autónomos. En lugar de esto, se le sobreprotege evitando todo acto de construcción de su ser por sí mismo.  

En esta línea, las personas se han formado esquemas sobre sí mismos y sobre la interacción y el establecimiento de vínculos con los otros desadaptativos, a causa de relaciones afectivas insatisfactorias en las primeras etapas de la vida. Estos esquemas constituyen la forma en la que vemos e interpretamos el mundo y son aprendidos en la infancia a través de nuestras figuras de referencia. En gran medida van a influir en nuestras expectativas y en nuestros comportamientos y emociones.

Este concepto suele estar ligado también a una autoestima baja. Las personas dependientes suelen tener un locus de control externo, esto hace referencia a que la persona cree que su comportamiento (o en este caso la autoestima) está condicionado por causas como: la suerte, los otros, etc, lo que le sitúa en un rol pasivo e inmóvil. Por ello, necesitan que sea otra persona que les valide y les dé cierto reconocimiento..

El refuerzo intermitente juega un papel clave en la dependencia emocional ya que el individuo recibe estímulos que le generan bienestar de forma intermitente. Esto produce que experimente las emociones con mucha intensidad, como una montaña rusa. Este tipo de reforzamiento es el más efectivo para incrementar y mantener conductas deseadas a largo plazo, de ahí el enganche que sienten estas personas por la pareja.

Consecuencias a largo plazo

Se producen en la persona dependiente sentimientos de insatisfacción y síntomas ansioso-depresivos. El dependiente nunca llega a ser feliz y llega a sentir cierto desprecio por sí mismo ante el hecho de mantenerse en una relación en la que no es tratado como se merece.

Otra de las consecuencias más habituales es el distanciamiento que se produce con amigos y familiares. Éstos intentan hacerle ver a la persona que no se encuentra en una relación sana y positiva, por lo que el dependiente reacciona a la defensiva y pueden producirse situaciones de conflicto que provocarán una ruptura o cierto aislamiento.

En general, las consecuencias de la dependencia emocional se basan en la afectación y el deterioro de muchas áreas de la vida de la persona, tales como el ámbito laboral (puede dejar de lado sus responsabilidades por priorizar las necesidades de la pareja), social, familiar y personal.

¿Qué se puede hacer al respecto?

Es importante iniciar tratamiento psicológico para frenar esta problemática y que la persona recupere poco a poco su propia vida. Es necesario que la persona reconozca que tiene un problema y decida pedir ayuda, sin embargo, esto es complicado ya que se trata de una adicción y lo más habitual es encontrar excusas para justificar la situación en la que se encuentra y su comportamiento.

A nivel familiar, lo óptimo sería que el dependiente recibiera su apoyo sin fomentar en ningún momento el mantenimiento de la relación de desequilibrio. Es decir, no abandonar al dependiente pero tampoco reforzar ese estilo de relación.

En conclusión, la intervención del psicólogo en esta problemática es indispensable para la ruptura de las dinámicas destructivas en la pareja y para que el dependiente tome conciencia de lo que está ocurriendo y tome un papel activo en su proceso de cambio.

 

Sandra Salas. Psicóloga General Sanitaria y Especialista en Mediación Civil y Mercantil.

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Cuando perdemos el sentido

“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.” Viktor Frankl

 

¿Qué es el vacío existencial?

El experimentar que la propia vida tiene sentido es un pilar fundamental para el bienestar psicológico de las personas. Va ligado al cumplimiento de metas vitales, a una visión positiva de la vida, del futuro y de uno mismo.

Cuando no alcanzamos este estado, se pueden originar sentimientos de frustración y desesperanza ante la duda sobre el sentido de la vida. Esto es lo que denominamos  “vacío existencial”, que se manifiesta en sentimientos y expectativas sobre el futuro. Están caracterizados por la apatía, el cansancio, la falta de ilusión, la sensación de inutilidad y de pérdida de control de la vida, la soledad y la sensación de estar desconectado del mundo.

¿Cuáles pueden ser las causas?

La pérdida de un ser querido suele ser uno de los desencadenantes más habituales de la sensación de vacío. Esta pérdida puede haberse producido bien por fallecimiento o bien por ruptura o separación.

La sensación de vacío también puede originarse ante cambios repentinos que trastoquen la estructura vital de la persona: la pérdida del puesto de trabajo, la mudanza a otra ciudad o país o una enfermedad, son algunos ejemplos. La incertidumbre generada por este tipo de situaciones produce una sensación de pérdida de control que requiere de la reestructuración de los planes de vida del individuo.

¿Qué solemos hacer para llenarlo?

Nuestra reacción natural cuando experimentamos malestar o una emoción de estas características es esconderla, evitarla, hacer como que no está ahí y bloquearla. Sin embargo, esta estrategia sólo resulta efectiva a corto plazo ya que, al igual que cuando metemos la suciedad bajo la alfombra no estamos haciéndola desaparecer, la estamos ocultando, pero sigue ahí.

En algunas ocasiones, utilizamos otro tipo de estrategias que también calman de forma temporal el vacío y de las que obtenemos un beneficio inmediato. Entre ellas, destacamos: la comida, las compras, el alcohol, etc. Éstas tampoco resultan efectivas ya que no están solucionando el problema si no manteniéndolo. En ocasiones, incluso llegan a producir una situación de dependencia que dificulta aún más que dejemos de tener ese sentimiento de vacuidad.

¿Qué debemos hacer cuando lo experimentamos?

Como actuaciones que podemos llevar a cabo para entender y dar salida a ese vacío que sentimos se pueden reseñar las siguientes:

  • Plantearnos objetivos a corto y medio plazo que sean realistas y alcanzables. Esto hará más probable que la persona se sienta motivada, con mayor ilusión y ganas de seguir adelante.
  • Encontrar tiempo para realizar actividades o hobbies que disfrutemos, ya sea solos o en compañía de otros.
  • Reflexionar sobre cuáles son las circunstancias que pueden estar influyendo en que nos sintamos así.
  • Evitar compararnos con los otros y aceptar que las personas somos diferentes y que cada vida es única.
  • Expresar las emociones que estamos sintiendo, sacarlas al exterior a través de los recursos con los que más conectemos: escritura, música, pintura, hablar con un amigo/a cercano, etc.
  • Pedir ayuda a un psicólogo/a si lo consideramos necesario. 
Vivir con ansiedad

Terapia para superar la ansiedad

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es un estado de agitación natural que se convierte en un problema cuando se padece de forma desmedida o durante tiempo prolongado:

 

¿Qué tipos de trastornos de ansiedad existen?

Existe una variedad muy amplia de formas y trastornos en los que este problema puede exteriorizarse.
Algunos de los más conocidos son el trastorno de ansiedad social, el trastorno obsesivo compulsivo, el trastorno de estrés postraumático, la agorafobia o fobias específicas.

Evidentemente, cada una de estos trastornos necesitará un enfoque concreto, pues aunque en todos esté presente el estado de agitación y nerviosismo, las causas y la situación personal de cada paciente varía y es necesario un tratamiento psicológico personalizado.

 

¿Cómo sé si sufro algún problema de ansiedad?

Estos desórdenes son difíciles de detectar porque los síntomas a menudo se confunden con miedo o nerviosismo. Algunos de ellos pueden ser:

Taquicardia, palpitaciones, opresión en el pecho, falta de aire, temblores, sudoración, molestias digestivas, náuseas, vómitos, el conocido «nudo» en el estómago, desórdenes alimenticios, tensión y rigidez muscular, cansancio, hormigueo, sensación de mareo e inestabilidad.

Si se padece ansiedad, estos síntomas son especialmente difíciles de controlar y se prolongan en el tiempo. Pueden ser causados por factores muy concretos o aparecer generalizados y sin motivo aparente. En caso de duda lo más recomendable es acudir a terapia y recibir un diagnóstico de un psicólogo o psicóloga.

 

¿Cómo actuar frente a un ataque de ansiedad?

Los ataques de pánico o crisis de ansiedad son períodos en los que se padece un intenso temor y malestar. Suelen durar de 15 a 30 minutos y nunca más de una hora.

Lo más importante durante una de estas crisis es reconocer que se trata de un ataque de ansiedad y que tendremos que pasarlo. Es mejor no intentar controlarlo porque probablemente eso solo consiga que nos desesperemos más. No es recomendable huir del lugar en el que nos encontramos. Tampoco debemos realizar rituales de ningún tipo para no terminar convirtiéndonos en esclavos de costumbres sin sentido.

Lo mejor será buscar un lugar cercano a donde nos encontramos. Algún sitio donde podamos sentarnos hasta que el ataque de pánico haya pasado. Debemos recordar que la única opción es padecerlo y que intentar luchar contra el ataque no hará que dure menos.

 

Consejos para reducir la ansiedad

Hay algunas medidas sencillas que podemos tomar para ayudar a nuestra mente a reducir la ansiedad:

No recurrir a sustancias nocivas

Aunque pueda parecer que el tabaco, algunas drogas o el alcohol ayudan a controlar la ansiedad, no es así. A la larga solo empeoran el problema. Con estas sustancias enseñamos a nuestro cuerpo que la única manera de relajarse es consumiéndolas. Esto es bastante peligroso, pues podría causar o agravar adicciones.

La cafeína, aunque en menor medida, también puede ser perjudicial. El café y algunas bebidas cafeinadas alteran levemente el sistema nervioso, lo que puede propiciar la aparición de crisis de ansiedad.

Ejercicio físico regular

El ejercicio físico regular, no obstante, es muy recomendable para mantener la mente despejada y el cuerpo relajado. Una buena opción es practicar yoga, una disciplina en la que se trabaja tanto el cuerpo como la mente y con la que se aprenden técnicas de respiración y relajación. El yoga es el complemento perfecto de la psicología para la superación y la prevención de este tipo de trastornos.

 

Meditación

Es una técnica muy ligada al yoga y a la psicología. Si bien es verdad que iniciarse en la meditación con un trastorno de ansiedad es complicado, una buena forma de hacerlo es a través del yoga.

Con la meditación enseñamos a la mente a relajarse y a reaccionar con mucha más serenidad ante estímulos detonantes. Es por esto que puede ser una gran ayuda para la ansiedad.

Empezar a practicar meditación puede suponer una fuente de frustración para muchas personas, pues consiste en técnicas de relajación e introspección nada sencillas. El yoga combina la meditación con el ejercicio moderado de manera que se entrena tanto el físico como la mente. Sin darnos cuenta nos iniciamos en el camino de la meditación. Un motivo más para considerar el yoga un complemento para el proceso de superación de la ansiedad.

Acudir a terapia para tratar la ansiedad

Cada paciente necesitará un enfoque terapéutico personalizado, pero hay algunos hábitos que pueden contribuir a mejorar; una dieta saludable, el ejercicio físico y la meditación contribuyen positivamente en superación de uno de estos trastornos.

Además, aunque en muchas ocasiones se evita la terapia, lo cierto es que la ayuda profesional suele convertirse en el pilar fundamental que sustenta la superación de un trastorno de ansiedad.

La terapia le proporciona las herramientas al paciente para identificar el punto de origen de su problema. En CÉNIT contamos con un equipo de psicólogos expertos que pueden ayudarte a entender cómo funciona la ansiedad y a ir reduciéndola poco a poco hasta hacerla desaparecer.

No dudes en contactar con nosotros si crees que tú o alguien de tu familia necesita ayuda para superar un problema de ansiedad; desde CÉNIT queremos ayudarte.

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