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Emociones. Qué son y para qué sirven

Una emoción es una reacción psicobiológica de un organismo vivo ante un acontecimiento interno o externo. Esta reacción se compone de un ingrediente cognitivo (pensamientos, interpretaciones), conductual (tendente a una respuesta) y biológico (cambios fisiológicos en sangre, hormonas, neurotransmisores). Existen dos tipos de emociones, las básicas y las secundarias. Mientras que las primeras están en nosotros de manera innata (alegría, tristeza, miedo, ira y asco), las segundas requieren de nuestra vida en sociedad (vergüenza, culpa, amor, etc.). Quizá la función más importante de las emociones es que permiten motivar la acción. Cuando nos emocionamos, nos activamos para dar una determinada repuesta, de acuerdo a esa emoción (huir, acercarnos, agredir, ayudar, pedir ayuda). De este modo, emoción y motivación crean un tándem de intensidad y dirección, respectivamente.

La expresión de felicidad o alegría favorece los procesos de empatía y acercamiento social; ayuda a incrementar la auto-estima, la curiosidad, la búsqueda de soluciones y la creatividad. Permite una mejor disposición para enfrentar tareas arduas, además de ayudar a los procesos de aprendizaje y memoria.

La tristeza es el principal vehículo que usamos cuando queremos lanzar un mensaje: “necesito ayuda”. Favorece el acercamiento de los otros, a la vez que motiva en nosotros acercarnos a quien lo manifiesta. Permite focalizar la atención en los detalles de aquello que nos ha entristecido.

El miedo incrementa la preocupación, la tensión y ansiedad (entendiendo ansiedad como activación del organismo preparado para responder a una amenaza, real o potencial). Ante situaciones peligrosas, ayuda a focalizar toda nuestra atención en la fuente de amenaza y prepara al cuerpo para dar una respuesta que nos ponga a salvo.

El asco es una reacción emocional con una finalidad muy clara: abstenernos y alejarnos de sustancias tóxicas. Cuando algo nos suscita asco, enseguida lo rechazamos y lo evitamos en futuras ocasiones. Si comemos algo que sabe mal, lo escupimos; si algo huele mal, nos alejamos; si una imagen nos revuelve las tripas, apartamos la vista. Son alertas que nos manda el cuerpo: “¡cuidado, esto puede hacerte daño!”

Por último, la ira es el componente emocional de la hostilidad y agresividad. Focaliza la atención en los obstáculos externos y prepara para una reacción comportamental intensa (defensa, escape, protección, etc.).

No existen emociones buenas o malas, ni adaptativas o desadaptativas. Estas cinco emociones son necesarias y cumplen funciones que permiten la supervivencia de nuestra especie. El problema básico es no saber regular nuestra expresión emocional, ni adecuar su intensidad de acuerdo a la situación en que nos encontramos.

A. Amores

Colaborador de CENIT Psicología

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