Categoría: Emociones

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¿Sabes transmitir tus emociones?

Para valorar si sabes transmitir tus emociones vamos a tener en cuenta varias cosas. Un rasgo de la humanidad es la búsqueda de una imagen positiva frente a la sociedad. Todos queremos que los demás piensen bien de nosotros, mostrándoles nuestras bondades y minimizando los defectos. Este hecho se da en muchas situaciones de la vida cotidiana, como por ejemplo en una entrevista de trabajo o en una cita con la persona que nos gusta. Leer más

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Emociones. Qué son y para qué sirven

Una emoción es una reacción psicobiológica de un organismo vivo ante un acontecimiento interno o externo. Esta reacción se compone de un ingrediente cognitivo (pensamientos, interpretaciones), conductual (tendente a una respuesta) y biológico (cambios fisiológicos en sangre, hormonas, neurotransmisores). Existen dos tipos de emociones, las básicas y las secundarias. Mientras que las primeras están en nosotros de manera innata (alegría, tristeza, miedo, ira y asco), las segundas requieren de nuestra vida en sociedad (vergüenza, culpa, amor, etc.). Quizá la función más importante de las emociones es que permiten motivar la acción. Cuando nos emocionamos, nos activamos para dar una determinada repuesta, de acuerdo a esa emoción (huir, acercarnos, agredir, ayudar, pedir ayuda). De este modo, emoción y motivación crean un tándem de intensidad y dirección, respectivamente.

La expresión de felicidad o alegría favorece los procesos de empatía y acercamiento social; ayuda a incrementar la auto-estima, la curiosidad, la búsqueda de soluciones y la creatividad. Permite una mejor disposición para enfrentar tareas arduas, además de ayudar a los procesos de aprendizaje y memoria. Leer más

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Tipos de amor

¿Qué es el amor? ¿Por qué nos enamoramos? ¿Y de quién? ¿Qué tiene el amor de las parejas que duran toda una vida juntos? ¿Por qué a alguien a quien quise le fui infiel? ¿Por qué hay parejas que acaban en violencia?

El amor podría definirse como una actitud mantenida hacia otra persona particular que implica una predisposición a pensar, sentir y comportarse de una determinada manera con dicha persona. La tendencia hacia esa persona depende del tipo de actitud; en suma, del tipo de amor. El amor tiene una doble motivación (biológica y social): nace de necesidades básicas y es relevante puesto que resulta adaptativo, ya que permite la reproducción y la supervivencia; sin embargo, necesita de sociedad. Es un fenómeno cultural que los individuos aprenden, tanto a entenderlo como a manifestarlo, de una determinada forma. Independientemente del tipo de amor, parece ser que existen unos componentes básicos: intimidad, pasión y compromiso. Según el peso de cada uno de ellos, se podrá desarrollar un tipo de amor u otro.

El amor erótico. En él, predominan los componentes de pasión y compromiso. Es una relación sensual y de alto contenido sexual. Las personas sienten una alta atracción física el uno por el otro. El concepto flechazo es usado para explicar el inicio de la relación. La actividad sexual es rápida, muy frecuente e intensa. Son relaciones que no suelen mantenerse estables.

El amor amistoso o compañero. En él predominan los componentes de compromiso (en primer lugar) e intimidad. La relación nace del entendimiento mutuo, de manera progresiva, casi sin darnos cuenta. Las relaciones sexuales son satisfactorias pero pasan a un segundo plano.

El amor lúdico. La relación se centra en el componente de la pasión, sin el compromiso del amor erótico. Es un tipo de relación que busca, primeramente, la diversión y el sexo. Son relaciones esporádicas, inestables y muy variables. Coloquialmente, hablamos de los Donjuanes, tanto ellas como ellos, de quienes tienen “un amor en cada puerto”.

El amor altruista. Es un amor desinteresado, universal, centrado en la otra persona. El compromiso y la intimidad son los componentes preponderantes en esta relación, habiendo hueco para la pasión y el deseo sexual del amor erótico y la diversión del lúdico. Se basan en la máxima de “hacer cualquier cosa por el otro”. Es, posiblemente, el tipo de amor más difundido en novelas, películas, etc., como amor romántico.

El amor maniático u obsesivo. Agitación, nervios, ansiedad, control, posesión… éstos son los sentimientos más frecuentes de tal relación. Podría decirse que impera el componente de pasión, pero no en sentido de deseo sexual, sino en el de posesión y fijación absoluta por la otra persona. Es el mejor candidato para la aparición de celos y dominio.

El amor pragmático. Es un amor “por catálogo”, razonado en base a los pros y contras de tener una relación con otra persona, según nuestra compatibilidad. No es un amor fío ni utilitario; una vez “seleccionado el candidato”, se abre la puerta a la intimidad y el compromiso entre ambos.

A. Amores

Colaborador de CENIT Psicología

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Cambiando el pesimismo por el optimismo inteligente

La motivación por superarnos a nosotros mismos es uno de los motores que nos hacen avanzar, que nos hacen ser cada vez mejores y más competentes. Sin embargo, en ocasiones nuestra motivación se ve afectada, disminuida, tras pasar por alguna racha en la que, azares de la vida, nos han venido seguidamente, múltiples malas noticias, intentos que salen mal o proyectos que no pueden terminarse.

Posiblemente, ahí empezamos a ver todo lo que nos rodea de un modo mucho más negativo, más pesimista. El pesimismo es esa actitud psicológica, esa forma de pensamiento, que evalúa, valora y juzga todo lo que acontece alrededor de la persona como negativo, inútil o insuficiente. Normalmente, este pesimismo se suele aplicar a las creencias que tenemos de nosotros mismos y no de los demás. De hecho, nuestra auto-percepción negativa suele enraizarse más a costa de que en los demás sí vemos cualidades positivas, logros, características que admiramos o un estilo de vida que envidiamos. Por un proceso básico de comparación social, cotejamos lo que percibimos (o creemos que percibimos) en los demás con lo que consideramos que tenemos nosotros. El resultado es catastrófico: en esos momentos en los que todo lo vemos gris, estamos condenados a sentirnos inferiores. Este razonamiento, el de compararnos con los demás y ver que somos peores (o no tan buenos y felices como ellos), está contaminado por una gran cantidad de sesgos y especulaciones subjetivas que nosotros introducimos, fruto de nuestro estado emocional, y que asumimos como totalmente ciertas. Leer más

Vivir o sobrevivir. Estilos de vida

Mi amiga Elisa lleva varios meses preocupada porque dice que no sabe qué quiere hacer en la vida. Me cuenta que anda un poco perdida.

Se siente un poco frustrada porque se ve con muchas ganas por hacer algo, pero aún no ha decido el qué. No ve claro el camino que quiere seguir, aquello con lo que se identifique.

Está cursando el segundo curso de un grado superior y se ha dado cuenta de que no le llena tanto como esperaba al principio. Dice que no le motivan las salidas laborales que le ofrecen esos estudios.

En lo que más insiste es en su historial con los hombres. Ella no es una chica a la que le gusten los ligues de una noche. Ha intentado tener una relación con varios chicos, pero todas salieron rana. Cuando está más alicaída por el hecho de no tener novio, yo le pregunto que por qué quiere a toda costa tener una pareja. Me cuenta que ve a su alrededor (en sus amigos, en sus vecinos o en sus hermanos) parejas sanas y felices, y que ella también tiene derecho a vivirlo. “¿Hay algún chico en especial que te guste? ¿Con el que quieras estar?”, le pregunto yo. “En realidad no. Pero quiero sentir que tengo a otra persona a mi lado, que me quiera de un modo diferente a como te quiere un amigo”, me responde ella. Leer más