Categoría: Relaciones

Cuando perdemos el sentido

“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.” Viktor Frankl

 

¿Qué es el vacío existencial?

El experimentar que la propia vida tiene sentido es un pilar fundamental para el bienestar psicológico de las personas. Va ligado al cumplimiento de metas vitales, a una visión positiva de la vida, del futuro y de uno mismo.

Cuando no alcanzamos este estado, se pueden originar sentimientos de frustración y desesperanza ante la duda sobre el sentido de la vida. Esto es lo que denominamos  “vacío existencial”, que se manifiesta en sentimientos y expectativas sobre el futuro. Están caracterizados por la apatía, el cansancio, la falta de ilusión, la sensación de inutilidad y de pérdida de control de la vida, la soledad y la sensación de estar desconectado del mundo.

¿Cuáles pueden ser las causas?

La pérdida de un ser querido suele ser uno de los desencadenantes más habituales de la sensación de vacío. Esta pérdida puede haberse producido bien por fallecimiento o bien por ruptura o separación.

La sensación de vacío también puede originarse ante cambios repentinos que trastoquen la estructura vital de la persona: la pérdida del puesto de trabajo, la mudanza a otra ciudad o país o una enfermedad, son algunos ejemplos. La incertidumbre generada por este tipo de situaciones produce una sensación de pérdida de control que requiere de la reestructuración de los planes de vida del individuo.

¿Qué solemos hacer para llenarlo?

Nuestra reacción natural cuando experimentamos malestar o una emoción de estas características es esconderla, evitarla, hacer como que no está ahí y bloquearla. Sin embargo, esta estrategia sólo resulta efectiva a corto plazo ya que, al igual que cuando metemos la suciedad bajo la alfombra no estamos haciéndola desaparecer, la estamos ocultando, pero sigue ahí.

En algunas ocasiones, utilizamos otro tipo de estrategias que también calman de forma temporal el vacío y de las que obtenemos un beneficio inmediato. Entre ellas, destacamos: la comida, las compras, el alcohol, etc. Éstas tampoco resultan efectivas ya que no están solucionando el problema si no manteniéndolo. En ocasiones, incluso llegan a producir una situación de dependencia que dificulta aún más que dejemos de tener ese sentimiento de vacuidad.

¿Qué debemos hacer cuando lo experimentamos?

Como actuaciones que podemos llevar a cabo para entender y dar salida a ese vacío que sentimos se pueden reseñar las siguientes:

  • Plantearnos objetivos a corto y medio plazo que sean realistas y alcanzables. Esto hará más probable que la persona se sienta motivada, con mayor ilusión y ganas de seguir adelante.
  • Encontrar tiempo para realizar actividades o hobbies que disfrutemos, ya sea solos o en compañía de otros.
  • Reflexionar sobre cuáles son las circunstancias que pueden estar influyendo en que nos sintamos así.
  • Evitar compararnos con los otros y aceptar que las personas somos diferentes y que cada vida es única.
  • Expresar las emociones que estamos sintiendo, sacarlas al exterior a través de los recursos con los que más conectemos: escritura, música, pintura, hablar con un amigo/a cercano, etc.
  • Pedir ayuda a un psicólogo/a si lo consideramos necesario. 
el amor y las relaciones sanas terapia pareja cenit rivas

Tipos de amor

¿Qué es el amor? ¿Por qué nos enamoramos? ¿Y de quién? ¿Qué tiene el amor de las parejas que duran toda una vida juntos? ¿Por qué a alguien a quien quise le fui infiel? ¿Por qué hay parejas que acaban en violencia?

El amor podría definirse como una actitud mantenida hacia otra persona particular que implica una predisposición a pensar, sentir y comportarse de una determinada manera con dicha persona. La tendencia hacia esa persona depende del tipo de actitud; en suma, del tipo de amor. El amor tiene una doble motivación (biológica y social): nace de necesidades básicas y es relevante puesto que resulta adaptativo, ya que permite la reproducción y la supervivencia; sin embargo, necesita de sociedad. Es un fenómeno cultural que los individuos aprenden, tanto a entenderlo como a manifestarlo, de una determinada forma. Independientemente del tipo de amor, parece ser que existen unos componentes básicos: intimidad, pasión y compromiso. Según el peso de cada uno de ellos, se podrá desarrollar un tipo de amor u otro.

El amor erótico. En él, predominan los componentes de pasión y compromiso. Es una relación sensual y de alto contenido sexual. Las personas sienten una alta atracción física el uno por el otro. El concepto flechazo es usado para explicar el inicio de la relación. La actividad sexual es rápida, muy frecuente e intensa. Son relaciones que no suelen mantenerse estables.

El amor amistoso o compañero. En él predominan los componentes de compromiso (en primer lugar) e intimidad. La relación nace del entendimiento mutuo, de manera progresiva, casi sin darnos cuenta. Las relaciones sexuales son satisfactorias pero pasan a un segundo plano.

El amor lúdico. La relación se centra en el componente de la pasión, sin el compromiso del amor erótico. Es un tipo de relación que busca, primeramente, la diversión y el sexo. Son relaciones esporádicas, inestables y muy variables. Coloquialmente, hablamos de los Donjuanes, tanto ellas como ellos, de quienes tienen “un amor en cada puerto”.

El amor altruista. Es un amor desinteresado, universal, centrado en la otra persona. El compromiso y la intimidad son los componentes preponderantes en esta relación, habiendo hueco para la pasión y el deseo sexual del amor erótico y la diversión del lúdico. Se basan en la máxima de “hacer cualquier cosa por el otro”. Es, posiblemente, el tipo de amor más difundido en novelas, películas, etc., como amor romántico.

El amor maniático u obsesivo. Agitación, nervios, ansiedad, control, posesión… éstos son los sentimientos más frecuentes de tal relación. Podría decirse que impera el componente de pasión, pero no en sentido de deseo sexual, sino en el de posesión y fijación absoluta por la otra persona. Es el mejor candidato para la aparición de celos y dominio.

El amor pragmático. Es un amor “por catálogo”, razonado en base a los pros y contras de tener una relación con otra persona, según nuestra compatibilidad. No es un amor fío ni utilitario; una vez “seleccionado el candidato”, se abre la puerta a la intimidad y el compromiso entre ambos.

A. Amores

Colaborador de CENIT Psicología

como salir de una relación tóxica

Personas venenosas

A lo largo de nuestra vida, conocemos y nos cruzamos con personas que, además de no aportarnos nada, vemos que nos hacen daño y nos perjudican. Tanto “amigos” como conocidos, compañeros de trabajo, vecinos, jefes, padres y otros familiares, parejas, etc.

Una persona venenosa puede resultarnos tóxica de muchas y muy diversas formas: obligándonos a hacer favores, culpabilizándonos cuando no lo hacemos; personas que menosprecian todo lo que no es suyo, dictadores, tiranos, celosos, controladores; personas dependientes emocionalmente de nosotros o de otros; irresponsables, mentirosos, cotillas… Leer más

relaciones-sanas-terapia-rivas

¿Tus relaciones son sanas? Una cuestión de apegos

Las bases de nuestro comportamiento social durante la vida adulta y nuestras capacidades como padres y madres, se fundamentan en parte en las propias experiencias educativas y de cuidados que recibimos durante nuestra infancia.

Las figuras de referencia a las que estamos expuestos cuando somos pequeños (padres, madres, hermanos, cuidadores, etc.), funcionan como modelos de los cuales nosotros aprendemos como debemos comportarnos, cómo somos nosotros mismo y qué podemos esperar o no de los demás. Un cuidador atento y responsivo nos enseña que somos personas dignas de ser amada y que, los otros, son seres en quienes se puede confiar; nos enseñan que cuando tenemos problemas, podemos pedir ayuda. Por el contrario, los cuidadores negligentes o maltratadores, nos están demostrando que el mundo es un lugar hostil en el que se llora y se pasa miedo. Leer más