Blog

Artículos, noticias, y curiosidades sobre psicología y desarrollo personal

acoso escolar bullying cenit

La eterna repetición del ciclo de Bullying

Continuamente oímos hablar de la necesidad de detectar con tiempo las situaciones de acoso en la escuela. Sin embargo, parece que esperamos a que se instaure dicha situación de violencia entre iguales para entender la lógica de este tipo de acoso. Entonces es cuando sabemos identificar al agresor, a la víctima, los motivos, desde cuándo, etc.

Pero, si desde hace años, el tipo de víctima, el tipo de agresor y los entornos de riesgo son los mismos, ¿cómo es posible que no tengamos la bombilla encendida para ver venir estos problemas con antelación?

En las escuelas impera una educación basada en el adoctrinamiento del alumno, que debe obedecer, callar y repetir lo que dice el maestro sin cuestionar, sin innovar y sin interferir con el programa. Los profesores dan sus clases y abandonan el aula casi sin recordar las caras de sus alumnos. Parecen estar ciegos a dinámicas que ocurren dentro de la clase, las cuales, si les prestamos un mínimo de atención, gritan que el bullying puede ocurrir o está ocurriendo, en el peor de los casos.

Somos espectadores de este escenario sin darnos cuenta. Existen unas víctimas, quienes por lo general se encuentran en situación de aislamiento social, suelen ser más pasivas, discretas y consideradas “impopulares”. Siendo víctimas, pueden callar, negarlo o incluso culpabilizarse. Si bien, en algunos casos intentan plantarle cara pero sin llegar a atreverse del todo, lo cual hace a los agresores reaccionar con más fuerza. Estas personas se encuentran en inferioridad con respecto a sus agresores, primero por su situación de falta de apoyo social y, segundo, porque de manera encubierta se ha creado entre los iguales una “norma” de no llevarse bien con él/ella, de mantenerle en el papel de marginado. Encontramos también a los agresores, alumnos que suelen justificar su comportamiento alegando que la víctima les provoca y que debe ganar el más fuerte. Actúan rodeados por un grupo de compañeros que alaban su comportamiento y pueden ser agresores o meros observadores y alentadores de la agresión. Finalmente, existen los compañeros que ni padecen ni ejercen el acoso, pero conocen el problema y saben identificar y explicar por qué el agresor agrede y por qué la víctima es quien es.

Estos tres grupos de personajes se relacionan a través de la llamada “conspiración del silencio”, a través de la cual este problema ocurre al margen del conocimiento de los profesores y nadie se chiva de lo que ocurre. De este modo, tanto el aislamiento de la víctima como el poder del agresor, aumentan. Los compañeros observadores suelen afirmar que el agresor “es un matón”, que ya saben cómo es y que es mejor “no provocarle”. Su silencio se debe a que prefieren ser observadores que víctimas. Excepcionalmente, existen alumnos observadores que gozan de mayor popularidad y sí se atreven a intervenir. Si bien, suelen hacerlo a modo de defensa de la víctima de cara al agresor, mientras que las autoridades del colegio (profesores y equipo directivo) siguen manteniéndose ignorantes. Muchos afirman que los profesores “no se enteran de nada” y que, “aunque lo sepan, no hacen nada”. De esta forma se perpetúa una situación de violencia, conocida e ignorada por todos, como un secreto a voces.

A. Amores

Colaborador de CENIT Psicología

¿Qué opinas?