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La satisfacción de tener trabajo

Llegado un momento, todos nos enfrentamos por vez primera a la situación de tener que ganarnos la vida por nosotros mismos.

El trabajo que desempaña una persona no es solamente el camino para el logro de, por ejemplo, una determinada solvencia económica; sino que el trabajo que cada persona desempeña es, o debería ser, el medio por el cual la persona se desarrolla, tanto individualmente como miembro útil de su comunidad. Con su trabajo, la persona entrega parte de lo que sabe hacer, muestra su capacidad.

En situaciones de crisis, como la de tipo económico que España atraviesa en estos años, parece que la actividad laboral que realizamos se concibe, únicamente, como un medio para la supervivencia, una obligación del trabajador que llega incluso a despersonalizarse (a alienarse, dirían algunos). Este es el camino que nos conduce a pensar, en mucha ocasiones: “Me paso la vida trabajando para ganar dinero con el que pagar cosas y seguir trabajando, ¿para qué, realmente?”. No olvidemos que el trabajo digno es un derecho de todo ser humano.

Con el calificativo “digno” hacemos alusión tanto a las decentes condiciones para realizar nuestra  actividad, como a una retribución justa por la labor desempeñada, pues esa labor lleva nuestra firma, nuestro tiempo y nuestro esfuerzo.

El problema parece llegar a la hora de definir qué se considera digno en un trabajo o en base a qué establecer la retribución asociada a cada puesto (en forma de dinero, tiempo, seguros, prestaciones, etc.): ¿según el esfuerzo físico que sea necesario? ¿Según el estrés al que está sometido al trabajador por la relevancia de sus decisiones? ¿Según el nivel de formación y estudios exigido?

Sea como fuere, no se debe olvidar que con su trabajo, la persona se muestra, se desarrolla, aprende, mejora y debería permitirle alcanzar su potencial. Cuando esto no es así, el trabajo se convierte en una obligación que puede afectar a la población, desde un aumento en los niveles de estrés, hasta el desarrollo de graves problemas de depresión, situaciones de violencia o acoso (mobbing) dentro de la organización, relaciones tóxicas que se extienden al contexto del hogar o comunitario, fenómeno BurnOut, etc.

Un actividad laboral con niveles medios de estrés, con una justa retribución y un nivel de exigencia idóneo para poder afrontarlo con éxito, a la vez que exige al trabajador un determinado esfuerzo para seguir avanzando, es la clave para una correcta salud laboral, la cual revierte en un mejor funcionamiento del individuo y de éste en la sociedad.

A. Amores

Colaborador de CENIT Psicología

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