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Mi pareja tiene depresión

La depresión no es algo fácil.

Corren falsos mitos, como el de que una persona con depresión siempre está llorando, que se pasa el día durmiendo y en el sofá con el pijama y que es por pensar todo de un modo pesimista. Por eso, cuando mi pareja tiene que hablar de ello, la gente reacciona con pena, con compasión y dando consejos como “Tú no pienses en ello” o “es que eres muy negativa”, sin olvidar éste, el peor de todos: “Anda, no seas boba, no tienes motivos para estar así”. Veo a mi novia luchar duramente cada día por seguir siendo como era antes, porque esto no siga interfiriendo en su vida cotidiana, esforzándose como nunca en su trabajo; todas estas maneras de reaccionar no le ayudan en nada. En parte creo que es lógico, de hecho yo mismo reacciono así a veces: lo primero que nos sale recomendarle a una persona que nos parece triste es “alégrate”. Es ella la primera persona interesada en alegrarse.

Estar deprimido no es ser pesimista, ni estar amargado, ni llorar sin más, ni siquiera es ser una persona triste. Es dejar de sentir placer con aquello que antes te gustaba. Es sentir que todo cuando haces se vuelve contra ti, no porque se quiera dar pena (una persona deprimida lo último que desea es llamar la atención), sino porque realmente sientes que te equivocas, que haces cosas mal sin darte cuenta. Es interpretar todo como una amenaza y odiarte a ti mismo por pensar de ese modo, con la frustración de saber y querer pero no poder. No es algo que se solucione diciendo “hay que ser feliz”.

Cuando hablo con ella, solemos discutir. En algunos momentos estallo. A fin de cuentas soy su novio y no sé ni entenderla del todo, ni cómo ayudarla. Al principio le daba esos mismos consejos. Me cabreaba porque yo tenía la sensación de que lo hacía a posta, pensaba: deja de recrearte en todo lo negativo.

Llegan días en que se ríe, se concentra en su trabajo o se tranquiliza viendo una peli y, de repente, le cambia la cara. Otra vez, todo está mal. Eso también me afecta a mí y a mis planes y, evidentemente, en ocasiones me molesta. Ella se da cuenta y se siente peor. Yo me doy cuenta de que le hago sentir peor y me siento culpable; ella se siente peor porque yo me sienta peor… Si nos molestan las cosas que hace otra persona es, precisamente, porque pasamos tiempo con esa persona y estamos junto a ella/él. No solemos discutir con aquellos que no nos importan.

Si se me permite una metáfora, quizá un poco absurda pero muy gráfica, emocionalmente la depresión es como una montaña rusa: cae para volver a remontar, para volver a caer, para volver a subir; días buenos y malos, mejores y peores.

Con ayuda psicológica y entrenamiento en estrategias de manejo de este problema emocional, se soluciona, sin estigmas, al igual se buscan “otro tipo de soluciones” para “otro tipo de problemas”. Ánimo, comprensión y paciencia.

A. Amores

Colaborador de CENIT Psicología

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