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Dysania: el por qué nos cuesta levantarnos

La dysania es un estado de conciencia alterado en el cual cuesta salir de la cama cuando suena el despertador y hay que levantarse. Por ejemplo, cuando tienes que levantarte para ir al trabajo y vas posponiendo tu alarma de forma sucesiva, es un ejemplo de dynasia, ya que el cuerpo te pide que sigas durmiendo porque no quiere entrar en movimiento.

Tras una noche de plácido sueño (sobre todo en los meses de invierno), empiezas a escuchar un sonido repetitivo que viene del reloj de tu mesilla de noche o de tu teléfono móvil. Sí, efectivamente se trata de tu despertador. Ha llegado la hora de levantarse, pero no tienes ni pizca de gana de salir de entre las sábanas.

Este fenómeno puede estar vinculado con diferentes trastornos del sueño. Puede ser debido al insomnio o a las alteraciones en el ciclo de sueño vigilia, aunque en un mayor número de casos, ocurre a personas que trabajan en turnos rotativos o que tienen preocupaciones que alteran y dificultan sus momentos de descanso.

La dynasia no es una enfermedad, sino un síntoma de que algo en nuestro organismo no funciona bien del todo, ya sea un tema emocional o físico. Por eso, esa sensación constante de cansancio o fatiga, como si no se hubiese dormido o descansado lo suficiente, puede desembocar en dynasia, un desorden que va acompañado de mal humor ante la imposibilidad de salir de la cama.

¿Cuáles son sus síntomas?

En primer lugar, cabe destacar que la dynasia es una falta de motivación por levantarse que se da esporádicamente. Para que se de un caso claro de dynasia, esa falta de motivación debe ser constante y además, puede estar acompañada por los siguientes síntomas:

  • Necesidad de regresar a la cama, nada más habernos levantado.
  • Sensación constante de cansancio.
  • Preocupación al pensar que tenemos que salir de la cama.
  • Mal humor.
  • Falta de capacidad para realizar una tarea.
  • Irritabilidad.

En definitiva, está claro que levantarse no es tarea fácil en absoluto cuando el estrés se apodera de nosotros. Sin embargo, podemos hacerle frente y sacar lo mejor de nosotros para recuperarnos.

Cuando perdemos el sentido

“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.” Viktor Frankl

 

¿Qué es el vacío existencial?

El experimentar que la propia vida tiene sentido es un pilar fundamental para el bienestar psicológico de las personas. Va ligado al cumplimiento de metas vitales, a una visión positiva de la vida, del futuro y de uno mismo.

Cuando no alcanzamos este estado, se pueden originar sentimientos de frustración y desesperanza ante la duda sobre el sentido de la vida. Esto es lo que denominamos  “vacío existencial”, que se manifiesta en sentimientos y expectativas sobre el futuro. Están caracterizados por la apatía, el cansancio, la falta de ilusión, la sensación de inutilidad y de pérdida de control de la vida, la soledad y la sensación de estar desconectado del mundo.

¿Cuáles pueden ser las causas?

La pérdida de un ser querido suele ser uno de los desencadenantes más habituales de la sensación de vacío. Esta pérdida puede haberse producido bien por fallecimiento o bien por ruptura o separación.

La sensación de vacío también puede originarse ante cambios repentinos que trastoquen la estructura vital de la persona: la pérdida del puesto de trabajo, la mudanza a otra ciudad o país o una enfermedad, son algunos ejemplos. La incertidumbre generada por este tipo de situaciones produce una sensación de pérdida de control que requiere de la reestructuración de los planes de vida del individuo.

¿Qué solemos hacer para llenarlo?

Nuestra reacción natural cuando experimentamos malestar o una emoción de estas características es esconderla, evitarla, hacer como que no está ahí y bloquearla. Sin embargo, esta estrategia sólo resulta efectiva a corto plazo ya que, al igual que cuando metemos la suciedad bajo la alfombra no estamos haciéndola desaparecer, la estamos ocultando, pero sigue ahí.

En algunas ocasiones, utilizamos otro tipo de estrategias que también calman de forma temporal el vacío y de las que obtenemos un beneficio inmediato. Entre ellas, destacamos: la comida, las compras, el alcohol, etc. Éstas tampoco resultan efectivas ya que no están solucionando el problema si no manteniéndolo. En ocasiones, incluso llegan a producir una situación de dependencia que dificulta aún más que dejemos de tener ese sentimiento de vacuidad.

¿Qué debemos hacer cuando lo experimentamos?

Como actuaciones que podemos llevar a cabo para entender y dar salida a ese vacío que sentimos se pueden reseñar las siguientes:

  • Plantearnos objetivos a corto y medio plazo que sean realistas y alcanzables. Esto hará más probable que la persona se sienta motivada, con mayor ilusión y ganas de seguir adelante.
  • Encontrar tiempo para realizar actividades o hobbies que disfrutemos, ya sea solos o en compañía de otros.
  • Reflexionar sobre cuáles son las circunstancias que pueden estar influyendo en que nos sintamos así.
  • Evitar compararnos con los otros y aceptar que las personas somos diferentes y que cada vida es única.
  • Expresar las emociones que estamos sintiendo, sacarlas al exterior a través de los recursos con los que más conectemos: escritura, música, pintura, hablar con un amigo/a cercano, etc.
  • Pedir ayuda a un psicólogo/a si lo consideramos necesario.