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trastorno de la comunicación social

Trastorno de la comunicación social

Las dificultades en la comunicación son uno de los primeros indicios que hacen saltar la alarma sobre un posible trastorno psicológico o neuropsicológico. Hoy vamos a ver el trastorno de la comunicación social.

En nuestra sociedad, la comunicación interpersonal es el principal vehículo de interacción entre las personas. Se trata de la forma más básica de socializar, de comprender el entorno y de adaptarnos a él. Incluso, no solo hablamos de acuerdo a la forma en que pensamos, sino que el lenguaje, nuestra forma de hablar, moldea nuestro pensamiento.

Un componente esencial del lenguaje es la pragmática. Esto es, lo que el lenguaje dice de la situación que está ocurriendo, de la intención del mensaje, la relación entre el emisor y el receptor, y todo lo que rodea al acto comunicativo en sí.

Fallos en el dominio de la pragmática conducen a dificultades para comprender todo aquello que no sea el lenguaje literal. Es decir, la persona no sabría entender las palabras que lee o escucha, más allá de su significado denotativo, el que viene recogido en el diccionario. Estos problemas suelen llevar a un estado de inadaptación, por los motivos que hemos mencionado al comienzo, y de escasa capacidad de vincularse con otros.

Un ejemplo de este tipo de problemas en la comunicación lo podemos encontrar en los trastornos del espectro autista. Estas personas encuentran dificultades (en distintos grados) a la hora de comprender el lenguaje figurado (bromas, frases hechas, metáforas). Por así decirlo, para ellos una persona que “está que se sube por las paredes” sería, ni más ni menos, que alguien que intenta escalar dentro de casa.

Qué es el trastorno de la comunicación social

El trastorno de la comunicación social (pragmático) incluye, entre otras, dificultades para usar la comunicación con propósitos sociales (saludar). También para ajustarlo al contexto cambiante (adaptarlo al oyente y a la situación: un parque, un tanatorio, seguir los turnos de conversación, etc.). Suele incluir, además, dificultades para saber extraer información que está disponible en el acto comunicativo, pero no de manera explícita (hacer inferencias o deducciones).

Este trastorno constituye una entidad nosológica independiente, dentro de los trastornos del desarrollo neurológico. Si bien, al ser un criterio de otros trastornos (por ejemplo, del autismo), muchas veces cometemos el error de confundirlo.

Los síntomas comienzan en las primeras fases del desarrollo. Sin embargo, las deficiencias pueden no manifestarse hasta una edad en la que la necesidad de comunicación social supere a la posibilidad de encubrir dichas capacidades limitadas.

 

A. Amores

Colaborador de CENIT Psicología

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