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Vivir o sobrevivir. Estilos de vida

Mi amiga Elisa lleva varios meses preocupada porque dice que no sabe qué quiere hacer en la vida. Me cuenta que anda un poco perdida.

Se siente un poco frustrada porque se ve con muchas ganas por hacer algo, pero aún no ha decido el qué. No ve claro el camino que quiere seguir, aquello con lo que se identifique.

Está cursando el segundo curso de un grado superior y se ha dado cuenta de que no le llena tanto como esperaba al principio. Dice que no le motivan las salidas laborales que le ofrecen esos estudios.

En lo que más insiste es en su historial con los hombres. Ella no es una chica a la que le gusten los ligues de una noche. Ha intentado tener una relación con varios chicos, pero todas salieron rana. Cuando está más alicaída por el hecho de no tener novio, yo le pregunto que por qué quiere a toda costa tener una pareja. Me cuenta que ve a su alrededor (en sus amigos, en sus vecinos o en sus hermanos) parejas sanas y felices, y que ella también tiene derecho a vivirlo. “¿Hay algún chico en especial que te guste? ¿Con el que quieras estar?”, le pregunto yo. “En realidad no. Pero quiero sentir que tengo a otra persona a mi lado, que me quiera de un modo diferente a como te quiere un amigo”, me responde ella.

Cuando tenemos estas conversaciones, casi siempre le respondo lo mismo: no deberíamos querer vivir en pareja por el simple hecho de que parece que en otras personas es bonito y les va bien. Deberíamos quererlo porque haya una persona en concreto con la que vivir en pareja. Porque, a fin de cuentas, la vida en pareja solo es una forma de vivir, un estilo con el que te tienes que sentir identificado. Es verdad que nos dejamos influir por pensamientos antiguos aún persistentes en nuestra sociedad, como el de que “todos/as debemos buscarnos un/a buen/a novio/a, casarnos y tener hijos”. Eso es mentira.

Existen muchas maneras de vivir, y muchas formas de conseguir una estabilidad. Personas dedican sus mejores años a realizar voluntariados por el mundo; otros los dedican a la vida académica, enseñando, escribiendo o estudiando por gusto personal. Otras persona sí quieren una vida conyugal con hijos pero, ¿qué tiene de mejor o de peor cada una de ellas? ¿Acaso voy a ser feliz pasando setenta años de mi vida en un entorno que no me guste? ¿Me voy a sentir realizado estudiando una determinada carrera porque mis padres estudiaron esa misma?

Está claro que a todo nos acabamos acostumbrando, pero hay excusa para resignarnos o frustrarnos por no tener algo que, posiblemente, nos haga mejor no tenerlo. Existen multitud de estilos de vida. Preocupémonos más por qué es lo que nos gusta, con qué nos podemos sentir desarrollados e intentemos sacarle más partido.

A. Amores

Colaborador CENIT Psicología

1 comentario

  • Flor Martín

    Estoy completamente de acuerdo con el artículo y me siento muy identificada con la protagonista, aunque para mi la idea de tener de pareja no sea ni haya sido nunca una prioridad en mi vida. Lo que más me ha preocupado es la frase final y que creo que se está volviendo un problema recurrente: “Saber lo que nos gusta”. Ese es mi problema no sé qué me gusta ni qué quiero y últimamente, esa idea vuelve una y otra vez a mi cabeza. Gracias por leer.

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