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Cigarrillo electrónico ¿Tabla de salvación o nueva adicción?

El cigarrillo electrónico surgió hace unos años como sustitutivo del pitillo convencional, en lo que se consideró, la solución definitiva para superar la adicción a la nicotina. La idea planteada fue el uso de este cigarrillo, con menor cantidad de nicotina y sustancias nocivas, para ir reduciendo gradualmente la adicción de las personas fumadoras.

Sin embargo, algo se ha hecho mal. No solo los fumadores habituales no han dejado de fumar, sino que resulta que hay un incremento de adictos al cigarrillo electrónico entre adolescentes que nunca antes habían probado el tabaco.

¿Cómo es esto posible?

Los cigarrillos electrónicos se perciben menos peligrosos y “más limpios” que el tabaco habitual. Sin embargo, no existen estudios científicos concluyentes que aseguren que el e-cig esté libre de nicotina. Es decir, nadie promete que no sea adictivo.

Por este motivo, al venderse como elementos sustitutivos, lo único que están haciendo es afianzar la adicción a la nicotina pero a través de un elemento distinto.

Las personas fumadoras encuentran un tipo de cigarro que les aporta, aunque en menor medida, la misma sensación de saciedad; además, tiene mejor sabor, mejor olor y se percibe más sano. Por ello, pueden acabar dando más caladas y dedicar más tiempo al cigarrillo electrónico de lo que hacían cuando fumaban tabaco normal. Lo más curioso, es que se siguen describiendo como personas fumadoras y no ven el cigarrillo electrónico como una forma de terapia, sino como una medida de reducción del riesgo.

Por su parte, muchos adolescentes que nunca consumieron tabaco, son consumidores habituales del cigarrillo electrónico. Los motivos parecen ser la novedad, la diversión y la percepción de “menos peligroso”. Esto les llevará a pensar: “Peor sería fumarme un cigarro normal”. Así en los primeros consumos, hasta llegado un punto en que ya somos adictos.

Para mayor reflexión, estos jóvenes tienen hasta 6 veces más riesgo de consumir tabaco tradicional que aquellos adolescentes que nunca probaron la nicotina. Esto sugiere que más que una tabla de salvación para adictos, el vapeador es una puerta al consumo posterior de nicotina en mayores cantidades (efecto de escalada en el consumo de sustancias).

“Si empezamos a ver en los restaurantes a gente haciendo algo parecido a fumar, volveremos a introducir el hábito en la sociedad”. En consecuencia, muchos adolescentes ven modelos fumadores de algo “poco dañino” y tenderán a imitarles.

Una adicción se compone de elementos físicos y químicos, procesos psicológicos, claves sociales, etc. Manteniendo la idea de “echarse un piti” en los descansos, o para desconectar y relajarse, por ejemplo, se están manteniendo muchas de las claves contextuales asociadas al acto de fumar, haciendo del todo improbable que el tabaquismo se abandone y manteniendo los motivos por los cuales los fumadores fuman, y por los que los noveles empiezan.

A. Amores

Colaborador de CENIT Psicología

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