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Maneras de saber si acosan a mi hijo/a

Hay que distinguir entre una agresión puntual en un entorno escolar y el acoso. El acoso es cualquier tipo agresión psicológica o física permanente, constante y duradera. Hay que saber distinguir cuándo acosan a nuestro hijo.

No ignorarlo y cortarlo de raíz es la medida más efectiva.

Cada niño o adolescente manifiesta que le acosan de maneras radicalmente distintas. Lo importante es que, como padres, sepamos ver señales de que acosan en nuestros hijos, cambios que nos parezcan extraños. Les conocemos, sabemos cómo son y habrá cosas que, de pronto, no nos cuadren en su forma de ser (por muy adolescentes que sean).

Estos indicios no son una prueba evidente de que esté siendo víctima del acoso escolar, pueden deberse a otros motivos, pero deben llamarnos la atención y no pasarlos por alto:

  • Cambios de comportamiento: pasa bien el fin de semana pero siempre “se encuentra mal” el domingo por la noche; deja de hablar o salir con sus amigos, deja de hacer cosas que siempre le han gustado; evita todo lo que tenga que ver con el colegio/instituto; empeora su rendimiento; de repente tiene una mirada gacha y responde con evasivas.
  • Signos físicos: se le “rompen” los materiales, la ropa, la mochila; empieza a pedir dinero con motivos poco claros, pierde sus cosas, etc.
  • Síntomas psicosomáticos: empieza a dormir mal, a sentirse nervioso, con náuseas, dolor de cabeza, ansiedad, fiebre, dolor de espalda, generalmente de los hombros y las cervicales, cambia su apetito (come más o come menos).
  • Atención a su móvil: sabemos que a esta edad están “embobados” con el móvil, pero vemos que a nuestro hijo le preocupa de un modo peculiar, no se divierte mucho cuando lo usa, no le vemos sonreír cuando escribe o recibe whatsapps.
  • Lo que nos cuenta y lo que vemos, aunque no es infrecuente que no sepamos ver lo que nuestros hijos nos cuentan: empieza a decirnos que no se siente a gusto en clase, suele quejarse casi siempre de los mismos compañeros, muestra odio o rechazo. Usa las palabras “matón”, “chivato”, “culpable” o “débil”; su ropa y sus cosas vienen rotas, marcas en el cuerpo, moratones, garabatos insultantes en los cuadernos, demasiados dibujos obscenos.

Transmitiremos calma, seguridad y la completa confianza de que se va a solucionar, con libertad y comprensión para que se exprese él; sin perder los nervios nosotros. Tendremos que hacer consciente al colegio pues, en muchas ocasiones, allí tampoco lo saben.

A. Amores

Colaborador de CENIT Psicología

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