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¿Tus relaciones son sanas? Una cuestión de apegos

Las bases de nuestro comportamiento social durante la vida adulta y nuestras capacidades como padres y madres, se fundamentan en parte en las propias experiencias educativas y de cuidados que recibimos durante nuestra infancia.

Las figuras de referencia a las que estamos expuestos cuando somos pequeños (padres, madres, hermanos, cuidadores, etc.), funcionan como modelos de los cuales nosotros aprendemos como debemos comportarnos, cómo somos nosotros mismo y qué podemos esperar o no de los demás. Un cuidador atento y responsivo nos enseña que somos personas dignas de ser amada y que, los otros, son seres en quienes se puede confiar; nos enseñan que cuando tenemos problemas, podemos pedir ayuda. Por el contrario, los cuidadores negligentes o maltratadores, nos están demostrando que el mundo es un lugar hostil en el que se llora y se pasa miedo.

En base a nuestro aprendizaje durante la infancia, podremos desarrollar un tipo de capacidad de relación social u otro cuando seamos adultos.

            Patrón adulto seguro: suelen ser personas cuyos padres fueron atentos y cuidadosos con ellos. Recuerdan su infancia con calidez y cariño. Estas personas saben disfrutar con tranquilidad de las relaciones sociales e implicarse más con los otros. Suelen tener relaciones de pareja sanas y estables; además, tienden a apoyar más a su pareja cuando está preocupada; es decir, repiten el estilo de cuidar y atender al otro cuando lo necesitan. Son personas con mayor capacidad para superar la pérdida de un ser querido tras la fase de duelo.

            Patrón adulto ansioso: suele darse en aquellas personas que, durante niños, sus cuidadores fueron negligentes e inatentos con ellos en algunas ocasiones; sienten que no les dieron suficiente cariño. Recuerdan con ira su infancia y describen a sus padres como seres injustos y molestos. Por un lado, buscan contacto pero, por otro, temen la separación. Suelen mostrar muchos signos de inseguridad, celos en la pareja, miedo al rechazo social. Por ello, intentan establecer relaciones de intimidad rápidamente. Suelen ser personas muy controladoras con las otras, en las que un pensamiento negativo desata muchos más.

            Patrón adulto evitador: se caracteriza por mostrar muy poco interés en relacionarse con otros. Se aburren con los demás, se alejan de ellos y no suelen establecer contacto físico. Recuerdan una infancia dura, de padres maltratadores y violentos. En las relaciones de pareja, muestran menor implicación a la hora de consolar a su pareja.

La capacidad de confiar en los otros, básica para el desarrollo social y cognitivo, requiere de una infancia basada en el cuidado, la atención y la comunicación democrática, sin castigo físico ni modelos violentos.

A. Amores

Colaborador de CENIT Psicología

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